Carlos Cano y Núñez (1846-1922): Una red literaria en Murcia

El último cuarto del siglo XIX es, a nivel literario y artístico, un momento extremadamente fecundo en la ciudad de Murcia. Muchos de sus protagonistas han merecido una notable atención que ha quedado reflejada en valiosas monografías y diversos estudios, y sus nombres, siquiera por repetidos, nos son familiares y conocidos; otros, hoy injustamente olvidados, fueron igualmente celebrados en la época. Uno de estos últimos es el poeta Carlos Cano y Núñez, laureado escritor y militar, cultivador de una poesía festiva y en sociedad, sin cuyo conocimiento queda incompleta una parte de la historia cultural de la ciudad y la región.

El presente volumen, escrito por el profesor Enrique Encabo y publicado dentro de la colección Editum Miradas, aborda la figura del poeta, aunque inevitablemente lo hace partiendo del concepto de red literaria. Una red literaria, como acertadamente se detalla en el texto, se teje a base de relaciones personales, pero no es un tejido tupido, asfixiante, sino un conjunto de nudos entrelazados que se unen unos a otros con asombrosa flexibilidad; autores que se conocen, integran y presentan a través de prólogos, epístolas y publicaciones periódicas. Red literaria que, si bien no es exclusiva de nuestra ciudad, sí tuvo una importancia decisiva en ésta, conformada como estuvo por los buenos murcianos (como ellos mismos se autodenominaron) que, con auténtica conciencia de grupo cultural, se lanzaron al renacimiento de la vida artística y cultural en pos del progreso, moviendo y conmoviendo a través de sus innumerables acciones colectivas.

Juegos florales, centros artísticos y sociales como el Casino, el Teatro Romea o el Círculo de Bellas Artes, publicaciones periódicas tales El Diario de Murcia, Cartagena Artística, La Paz o El Bazar Murciano, las antologías de Raimundo de los Reyes o Andrés Blanco… fueron los órganos de difusión de intelectuales como Martínez Tornel, Díaz Cassou, Sánchez Madrigal, Fuentes y Ponte, Pío Tejera o Frutos Baeza. Una época irrepetible, reflejada en las páginas que ahora ven la luz y que suponen una suerte de biografía colectiva de poetas, artistas, músicos, periodistas… y, por encima de todo, murcianos.

El libro añade, además, el estudio de productos artísticos propiciados por la labor de Carlos Cano, como la publicación El Mosaico (1896-1898), acaso la mejor revista literaria de la ciudad en el siglo XIX, la relación familiar y literaria del poeta con su primo, el celebrado Federico Balart, su participación en el panorama literario nacional (a través de Madrid Cómico, la librería de Fernando Fé o su amistad con Manuel del Palacio) y el acceso a documentos y obras pertenecientes al espacio íntimo del escritor, como el álbum de su hija Dolores (donde estampan su firma y creaciones los principales nombres de la literatura murciana y nacional), la corona poética a la memoria de su hijo fallecido o el acercamiento a su biblioteca particular.

Esta obra, llena de literatura y de vida, es una notable aportación al estudio de la sociedad y la literatura en Murcia, añadiendo la dimensión de grupo cultural y el concepto de red literaria, necesarios para la mejor comprensión de una época, tan lejana y tan cercana, pero sin duda fundamental para entender nuestro presente.

 


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