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En la jubilación de María Dolores Ferrer, jefa de negociado del Servicio de Información al Universitario

Por Pascual Vera

El cronista cierra los ojos y aún ve a María Dolores Ferrer Manzano (Lola para quienes la hemos conocido en los últimos 36 años de dedicación en la Universidad) sentada en aquella diminuta oficina del Servicio de Información al Estudiante, SIE, que así se llamó en sus inicios el SIU, situada a la derecha del zaguán de la puerta principal del claustro de Derecho.

La ve sentada allí, sola, pertrechada únicamente con un paquete de folios, un bic y, sobre todo, con una de aquellas inefables Lexicon 98 plateada de enorme carro, presta para cuantas gestiones mecanográficas fuese preciso realizar. Y también muchos folletos, en un tiempo en el que los folletos, si se reunían en número y calidad suficiente, eran los abuelos de internet cuando la red de redes no era ni siquiera una quimera para los trabajadores de la Universidad de Murcia.

36 años hace de eso. Y Lola se nos jubila. Y lo hace con la satisfacción del deber sobradamente cumplido y la tranquilidad de quien se ha dedicado siempre a una tarea que le gustaba: “Es un trabajo que me gusta: orientar y, sobre todo, dar tranquilidad a la persona que se encuentra un poco perdida, pero hay que tener paciencia, mucha paciencia”. Y Lola siempre la ha tenido, a borbotones.

Cuando el SIU era SIE

Fue un comienzo de octubre de 1984 cuando abrió sus puertas el Servicio que durante su primera etapa sería conocido como SIE. Recuerda la primera recomendación que recibió de su coordinador, el profesor Antonio López Cabanes: “tienes que saber todo lo relacionado con los estudios”. Y a esa tarea se aplicó Lola con entusiasmo: todos los días leía el B.O.E, y aquel Boletín Informativo mensual que reunía en 24 páginas las disposiciones y noticias de la UMU que elaborábamos en el piso de arriba. Ella sabía que se trataba de un material valioso con que satisfacer el hambre de información de los clientes que llegaban de manera cada vez más asidua.

El servicio creció pronto, ocupando también el lugar de un aula de cultura desaparecida, y duplicando el espacio. Ahora Lola aún se veía más pequeña en aquella oficina, más al fondo, y con más papeles por medio. Pero comenzaba a tener algún compañero -el primero Mariano Baquero-, y luego otro con el que compartiría ya trabajo durante toda su vida laboral, y que acabó convirtiéndose en jefe del Servicio de Información al Universitario: Vicente García Ferrando.

Contactos con otras universidades

Ya con un compañero, una máquina de escribir eléctrica que podía repetir de forma automática un pequeño texto, y una cantidad de folletos que empezaron a recopilar de de manera cada vez más sistemática en lugares oficiales y universidades, aquello se le antojaba a Lola imparable: “Pedíamos a cada una de las universidades españolas las guías, los planes de estudio, los cursos de verano, los impresos de todo tipo… y en contrapartida les enviábamos los de la UMU. Era todo absolutamente artesanal”, recuerda Lola.

En esos tiempos el SIU comenzó a tener una bolsa de alojamiento en la que se registraban metódicamente los pisos de estudiantes disponibles -previa incursión casi diaria de Lola por los tablones de anuncios-. También había bolsa de libros usados, de los que había que hacer una ficha individual, fichas para cada beca que se convocaba en España, con colores para cada tipo, para que fueran fácilmente identificables… era un trabajo ímprobo, pero que convirtió al SIU en lugar de referencia informativa. “Visto con perspectiva, éramos el internet de la época”, comenta.

Recuerda Lola que ya en los 90, acudía mucho público al Servicio, y recuerda aquella enorme mesa en un lateral de la oficina, cuyas diez sillas permanecían constantemente ocupadas en un rondó inacabable.

Todo era muy trabajado, para llegar a conseguir información sobre un tema, había que dirigirse a multitud de lugares. Ahora, décadas después, María Dolores reconoce que el funcionamiento actual no tiene nada que ver con el de entonces: “hay menos consultas presenciales, pero muchos mensajes de correo y mucha llamada telefónica, a diferencia de lo que ocurría antes”. “Entonces, hasta ayudábamos a rellenar impresos, nos sentábamos junto al interesado y lo hacíamos”. “Hemos hecho mucha labor de orientación”, asegura.

Y ahora, a escasos días de que, con su jubilación definitiva concluya esta labor de décadas, Lola hace balance de todo este tiempo: “Estoy satisfecha, he hecho todo lo que estaba en mi mano para que la gente saliera contenta del SIU, bien informada, intentando siempre ser empática, sintonizar y ofrecer tranquilidad a la persona”. Y eso es justamente lo que Lola ha hecho durante tanto tiempo.