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Ascética pura y dura para oír-escuchar …, y gozar las óperas de Mozart

Por José Antonio Postigo Pascual

No hace mucho, allá por Septiembre del 2012, y coincidiendo con el Hay Festival [jéi féstivol] de mi tierra, Segovia, en el que se recordaba de forma especial la inmensa figura de Wolfgang Amadeus Mozart, el Adelantado de Segovia me publicó 3 artículos seriados, en los que intentaba hacer ver los maltratos a los que ciertos malévolos adaptadores y directores de escena, europeos y americanos, someten a las soberanas creaciones musicales para Voz y Orquesta de W. A. Mozart; es decir, resumo, que con los tontos y hasta malévolos tintilineos, a veces hasta procaces, que viven dentro de los libretos a los que nuestro poderoso genio ponía música, rigurosamente sublime y soberbiamente compleja, (a este respecto, leer sin falta el libro Mozart, de Albert Einstein), estos adaptadores de dichos libretos a coreografías de hoy en día, impiden, no le dejan opción al espectador para que preste toda su atención al maravilloso discurrir de la MÚSICA, de la Voz y de la Orquesta, creada por nuestro genio salzburgués, pues, enfrente del escenario o de la pantalla, el tal espectador, se ve obligado a dedicar sus energías mentales, y hasta psicológicas, a descodificar el alcance significativo de esas modernas ropas o trapos, o de las tramoyas y de ciertos lenguajes gestuales (según un crítico británico, hasta provocativamente tarantinescos), privándole del sublime gozo de descubrir el casi escalofriante entramado sonoro entre la música de las voces y los caminares paralelos de la música del foso …, todo creado con una fuerza única de novedad por uno de los genios más grandes para el Arte de la Historia de la Humanidad.

[Un apropósito, señores intelectualoides, destripadores de la creación musical de Mozart: alguien que parece que sabe de qué van las funciones de la Música en nuestros humanos quehaceres del aprender, ha dejado escrito que “Mozart ha sido uno de los artistas con más talento de todos los tiempos” . (Howard Gardner: La educación de la mente y el conocimiento de las disciplinas; pág. 193)].

Bien. Aunque no sé si debo importunar a nadie con mis cosas, hoy voy a referirles, en la escala y el nivel de los hechos que vengo exponiéndoles, una recentísima experiencia mía …, con la ópera El rapto en el serrallo, de W. A. Mozart, claro, en una versión coreográfica tradicional, bajo la dirección musical de Zubin Metha, y, en el foso, la orquesta del Maggio Musicale Fiorentino …, por cierto, quiero resaltar que el director del trabajo audiovisual para el DVD, tuvo la genial idea de intercalar planos largos, y de detalle, del foso, de la orquesta, mientras los cantantes “rompían” sus voces …, y, aparentemente, los sonidos de la orquesta iban a su encuentro por no se sabe dónde, obligados todos a hacerse un UNO-DIVERSO por las genialidades musicales de W. A. Mozart.

La experiencia anunciada la describo así: un día, no hace mucho, una vez transcurridos unos minutos, decidí que me sometería seriamente a la dura disciplina ascética de cerrar los ojos a todo lo que podía suceder en la pantalla (a los subtítulos en español incluidos), y, a través de sólo mis auriculares, y mis oídos, intentar, con cierto expreso esfuerzo (por eso lo denomino dura disciplina ascética), seguir y descubrir las interacciones sonoras –en más de una ocasión intrincadas– y desenmarañar para mi gozo ese variado y glorioso mundo musical creado por este genio …, que es como si se tratase de un exquisito bordado (sobre un enorme bastidor que sujete y tense un sutil cendal) de voz y sonidos orquestales …, provenientes ambos de la también sutil mano bordadora de W. A. Mozart …, para dárnoslos a todos …, porque sabía que un día habría gente que querría oírlas-escucharlas-gozarlas como un todo indisoluble.

Y el resultado fue, y ha sido, musicalmente hablando, delicioso, pues no tenía que hacer ningún esfuerzo extra que pudiera distraerme de ese gozo de intentar descubrir la gracia y gloria de la MÚSICA de alguien dotado por la Naturaleza (otros dicen por Dios, pues dicho queda) con una efervescencia bulliciosa, pero domeñada, la del genio, que vivió y creó para alegrar en lo hondo nuestro vivir, genio que sabemos que no abunda mucho, más bien poco.

Esas personas que adaptan a lo moderno los libretos (¡ porque es lo único que pueden hacer, aunque …, insensatos …, no intenten hacerlo también con la MÚSICA !! ) de Mozart, espachurrando de paso su creatividad, ¿querrán, por favor, ayudarnos a que no nos distraigamos de la posibilidad de gozar a fondo de la soberana obra MUSICAL de Mozart para sus óperas? … Según le decía él a su padre (ver la obra de los Massin), mis óperas son MÚSICA’, refiriéndose a una interpretación estrafalaria de la época de El rapto en el serrallo …, y ya lo creo que lo son, y sola y exclusivamente MÚSICA, en pura esencia.   ¿Qué, por culpa de cierto alboroto escénico, cuesta descubrirla y gozarla como tal? …, seguro, pero habrá que hacer ese esfuerzo, aunque sea sufrido, ascético, por respeto a él …, y a nosotros mismos, por el gozo que nos da.