María jose alfonso en la niña de luto

“Yo he sido y seguiré siendo siempre actriz, y si volviese a nacer, volvería a ser actriz” (María José Alfonso)

La actriz será homenajeada hoy en el festival de cine de Mula por sus 60 años de profesión

Pascual Vera

(Foto: María José Alfonso en “La niña de luto” (1964), de Manuel Summers)

Su pasión por subirse a los escenarios e interpretar papeles cuajó pronto en tantos y tantos personajes que hoy le resulta casi imposible recordarlos todos. Más de mil apariciones en televisión, aquella televisión minúscula, en solitario y en blanco y negro, esa pantalla de culo de vaso embutida en aquellos inefables muebles de madera, una televisión diminuta, casi familiar. Esa fue la televisión que conoció María José Alfonso, para la que el teatro es  “la cartilla del que empieza” y el lugar donde mejor se aprende a ser actor. Después de aquellos Estudio 1 y otros programas dramáticos, continuó haciendo series como Hostal Royal Manzanares, Ana y los siete, Géminis, Planta 25…La actriz podía cantar una zarzuela en playback en Escala en Hi-Fi, o presentar un coñac en un spot televisivo. Y cine, mucho cine. Cerca de medio centenar de películas.

Pronto llegaron sus primeros papeles importantes en el cine:  “Vuelve san Valentín” y “La gran familia”, le dan oportunidad de algo que siempre ha sido su gran valor y de lo que ella ha presumido: trabajar con muchos de los grandes, de los que iría aprendiendo desde el principio:  Pepe Isbert, Jorge Rigaud, Amparo Soler Leal, Cassen, Manolo Gómez Bur, José Luis López Vazquez, Gracita Morales, Mari Carmen Prendes, José Orjas, Alberto Closas, Julia Gutiérrez Caba, María Isbert, Jesús Guzmán… Y poco después llegó “La niña de luto”, una película de humor negrísimo que supuso el primer papel como protagonistas de María José Alfonso y un joven y prometedor actor llamado Alfredo Landa, con el que siempre se llevó a las mil maravillas. Aquella película consiguió el primer premio de interpretación de carácter nacional para María José, que se alzaría con la Medalla del Círculo de Escritores Cinematográficos. Con 25 años, María José se había convertido en una referencia de nuestro cine y una firme promesa de las tablas y de la pantalla, tanto de la grande como de la chica.

María José Alfonso trabajó con algunos de los más reconocidos directores de cine de nuestro país: Pedro Masó, Fernando Palacios, Manuel Summers, Francisco Regueiro, Miguel Albaladejo, Javier Balaguer… Y cómo no, con Mario Camus, uno de los directores más clarividentes con quien ha trabajado, según su propia definición.

María José Alfonso es una de las representantes más ilustres de una época que se nos marcha irremisiblemente, y que tiene como protagonistas a algunos de los actores y actrices más veteranos de nuestro país, aquellos que lucharon con uñas y dientes, pero sobre todo con talento y mucho esfuerzo, por proporcionarnos a todos los españoles la oportunidad de vivir otras vidas, otros sentimientos, otras experiencias.

-¿Cómo fueron los comienzos de María José Alfonso en el mundo de la interpretación? ¿A qué edad se dio cuenta de su afición por ponerse en la piel de otra persona?

-Siempre he sido un poco payasa, desde muy pequeña me ponía los tacones de mi madre y los pañitos de croché en la cabeza, imagino que como muchas otras niñas, lo que ocurrió es que esta afición mía se fue acrecentando.  Me matriculé en la Escuela de Arte Dramático que estaba al lado de mi Instituto, el Lope de Vega de Madrid, también hice muchos cursillos de interpretación, pronto comencé a hacer cuentos para niños, doblaje de películas, salí en coros de zarzuela en televisión…Y sobre todo, aprendí de los actores que estaban a mi lado, tuve grandes maestros que me enseñaron mucho.

Me hubiera gustado estudiar Medicina, pero la verdad es que pisé la universidad solamente para hacer teatro universitario

-Debutó con “La fierecilla domada”, junto a Fernando Fernán Gómez y Analía Gadé, fue un papel muy pequeño, pero  enseguida hizo en cine, “Vuelve san Valentín”, de Fernando Palacios, un comienzo espléndido con George Rigaud, Amparo Soler Leal, Cassen, Manolo Gómez Bur, López Vázquez, Gracita Morales, Mari Carmen Prendes, José Orjas… un montón de estupendos veteranos.

-R: He tenido la suerte de trabajar con unos actores espléndidos que me han ayudado muchísimo.

-P: “La niña de luto” fue una de sus primeras películas, un gran título de Summers de aquel Nuevo Cine Español que comenzaba entonces como una gran esperanza del Séptimo Arte en España, fue una película atípica dentro de nuestra cinematografía.

-R: Sí, además, lo más llamativo es que todo lo que se cuenta en ella es absolutamente cierto, es más, la anécdota de ese período interminable de una niña vestida de luto, le ocurrió a un hermano del propio Summers, al que durante muchos años se le estuvieron muriendo los familiares, por lo que él y su novia se vieron obligados a tener un noviazgo muy largo. Cuando la he vuelto a ver de nuevo pensando que estaría muy anticuada, me he dado cuenta de que es una película que continúa estando maravillosamente fresca. Además, ahí conecté magníficamente con Alfredo Landa, que ha sido mi marido en la pantalla, y en ella hemos tenido hijos y nietos.

-P: La niña de luto le hizo ganar el premio a la Mejor Actriz del Círculo de Escritores Cinematográficos.

-R: Sí, y además en Cannes tuvo mucho éxito.

-P: Es una película estupenda. A mí personalmente me sigue gustando mucho.

-R: A mí también, a pesar de que no me gusta verme en la pantalla. Cuando la acabé me dijeron que había tenido mucha suerte, porque si la hubiera rodado un poco antes, en lugar del velo transparente habría tenido que llevar un manto negro de la cabeza a los pies. Una mujer me comentó que, aunque hacía 15 años que se había muerto su Manué, nunca había vuelto a entrar en una confitería, y que no había vuelto a dejar que su yerno tocara la guitarra porque hacía 15 años que había fallecido su marido.

La película, a pesar de su carácter totalmente blanco, tuvo muchos cortes por la censura.

-P: “La gran familia” y “La niña de Luto” en sus comienzos de su carrera. Con apenas 25 años se convirtió usted en una de las actrices de más éxito, una auténtica promesa.

-R: Lo asumí con bastante claridad de mente. El éxito no me arrastró ni me hizo pensar que era una diva, yo lo que quería era trabajar en este medio porque me gustaba y me sigue gustando.

-P: Siempre ha estado enamorada de su profesión.

-R: Siempre. Aunque ahora pueda pensarse en mí como una ex, yo he sido y seguiré siendo siempre actriz, y si volviese a nacer, volvería a ser actriz.

-P: Conoció a Pepe Isbert ¿cómo era en las distancias cortas?

-R: Lo quería todo el mundo, era un ser adorable, angelical, maravilloso. Y era tan grande que, si él participaba en una película mediocre, hacía que se disparara su calidad. Era un grandísimo actor y una grandísima persona. Y aprendí mucho con él. La pena que tengo es no haber podido registrar sus palabras y sus consejos en una casette. Siempre me ha gustado acercarme a la gente mayor que yo, porque me gustan mucho los jóvenes, pero más la gente mayor, porque nos saben contar cosas con las que podemos aprender mucho.

-P: En aquellos años 60 de sus comienzos entró en la escena y la pantalla como un torbellino: obras de teatro, películas, episodios de televisión como Estudios 1, Pequeño Teatro, varias series protagonizadas por usted, presentó Escala en Hi-fi… Cómo podía tener esa vitalidad y esa capacidad de trabajo?

-R: Menos el telediario, que también estuve a punto de hacerlo, he hecho de todo. Hice hasta una presentación de un spot televisivo mientras estaba haciendo una obra de teatro de un espacio dramático. La chica del spot no llegaba, y mientras me secaba, pues había llorado mucho al final de la obra, salí anunciando aquello, una marca de coñac.

-P: Se atreve con todo.

-R: Sí, me echen lo que me echen. Y aquí estoy, con más fuerza que nunca. En mi generación hemos trabajado siempre mucho. Hemos hecho dos funciones al día en el teatro, hacíamos televisión por las mañanas, ensayábamos antes y después de las funciones… la vida familiar la teníamos en el teatro. Hemos trabajado mucho, y además había mucho trabajo.

-P: En Escala en Hi-fi cantaba en play-back, algo de lo que no habíamos oído hablar los españoles.

-R: Cantar con la voz de una señora que cantaba divinamente era una gozada. Cuando hacíamos en directo las zarzuelas teníamos un disco para casi todo el mundo, los compañeros lo pedían, “ahora me toca a mí”, y escuchábamos aquel disco varios compañeros al mismo tiempo. Recuerdo que una vez me dijo una señora que yo cantaba estupendamente, y yo le dije que esa no era yo, pero ella se empeñó: “sí, sí, cantas divinamente”, hasta que acabé dándole la razón.

-P: Ha protagonizado muchas obras de teatro durante más de medio siglo. ¿Qué es para usted el teatro?

-R: La gente que quiera dedicarse a la interpretación, sin duda debe hacer teatro, porque el teatro es la auténtica madre del cordero. Y después puede venir la televisión, el cine… pero el teatro es la cartilla del que empieza. Yo estoy muy agradecida a la televisión, porque me ha ayudado a tener retentiva, a salir de apuros, a salir cosas insólitas, como que se caiga un foco y seguir trabajando como si nada hubiera sucedido. La televisión era muy complicada, porque había que salvar los problemas que iban surgiendo, y por eso me ha ayudado muchísimo, pero el teatro es otra cosa, es lo más en interpretación.

 

-P: ¿Sigue poniéndose nerviosa al subir al escenario?

-R: Para mí siempre ha sido horroroso. El día del estreno yo quisiera venirme a mi casa, pero como no queda más remedio, tengo que aguantar y salir.

Quizás antes tenía menos miedo, pero conforme he ido cumpliendo años, se ha hecho más difícil para mí. Antes de salir a escena, siento pánico, pero lo cierto es que, cuando salgo, una vez que digo la primera frase, empiezo a sentir una mayor tranquilidad.

Aunque parezca que no, los actores somos conscientes de lo que tenemos enfrente, de todo lo que sucede en el patio de butacas. Una vez me preguntó una mujer si los actores nos enterábamos de lo que ocurría frente a nosotros, y le dije que nosotros no enterábamos de todo: de cuando alguien abre el abanico, de quienes tienen pulseras que suenan, de cuando se cierra un bolso, y le pedí que, por favor, llevaran los caramelos pelados, que eso distrae mucho.

-P: En Televisión Española debutó en 1961, casi en los comienzos, en los tiempos heroicos ¿qué recuerda de aquella televisión, con aquellos Estudio 1, Novela, Teatro de siempre, en la que usted se convirtió en una asidua? ¿Cómo era trabajar en ella?

-R: En televisión comencé en el Paseo de la Habana, que tenía un plató muy pequeño, casi como el salón de una casa. De pronto, en mitad de una escena, notabas unas manos que te estaban llevando para otro sitio porque te estabas metiendo en otro decorado. Pero todo era muy entrañable, como una gran familia, y todo muy chiquito. Recuerdo que había un bar allí, y se olía a tortillla en todo el estudio porque había una señora que hacía una tortillla colosal en aquel lugar.

Allí todo se hacía deprisa y corriendo, y todos nos conocíamos. A veces los trajes no nos quedaban bien y recuerdo que vi a un señor con sotana, una sotana que le caía divinamente, y le comenté: “Qué bien te cae la sotana, chico”, y él me dijo: “María José, es que soy cura de verdad”. Era un sacerdote que siembre estaba por aquellos estudios, desde entonces para mí se quedó con ese apodo: “¿hola, “de verdad”, cómo estás?”, le preguntaba cuando le veía.

-P: Más recientemente volviste a las series a finales del siglo XX, con “Hostal Royal Manzanares”, “Ana y los 7”, “Géminis”, “Planta 25”…  ¿Qué diferencia hay entre esas dos televisiones?

-R: Televisión Española es una casa mía, de la que no me desprenderé nunca, le tengo mucho cariño. Allí hemos hecho de todo, cosas simplemente para alimentarnos, como decía Buñuel, pero también cosas maravillosas, con gente muy pero que muy buena, como Almendros, Guerrero Zamora, Claudio Guerín… En la televisión actual hay muchos cambios respecto a la que yo conocí al principio, antes era, como te digo, una familia, en la que los cámaras te ayudaban a ponerte la flor que se te había caído, o a abrocharte un cinturón, o los actores cogíamos los cables y les ayudábamos… ahora no, ahora cada cual tiene que permanecer siempre en su puesto y hacer exclusivamente lo que tiene que hacer.

Ahora los medios son muy superiores, desde luego, las cámaras son distintas, más pequeñas. Antes la técnica estaba muy por debajo, pero ésta se suplía con otras cosas, como el talento.

-P: Y sus cifras en este terreno son impresionantes: más de 1000 trabajos en televisión.

-R: A veces me ocurre que me dicen que tal o cual película es mía y yo pienso que no, y resulta que sí lo es. O programas de televisión que algunas veces me ponen, y no los recuerdo en absoluto. Hice un programa en televisión con Imperio Argentina en el que yo cantaba un tango, y me lo pusieron el otro día y yo no lo recordaba.

-P: Usted, que ha trabajado desde los años 60, en qué ha ganado y en qué ha perdido nuestro cine?

-R: Nuestro cine es un cine estupendo, aunque haya gente que no piense así. Hay películas maravillosas desde los años 40 hasta ahora. Ha habido varias generaciones de directores estupendos. Se pueden ver películas de los años 40, sonorizadas en directo, y a los actores se les entiende divinamente. Eso es muy importante, porque la interpretación es la palabra, y la palabra hay que entenderla. Y no quiero decir más, pero hay que ver lo que se oye de vez en cuando. Es cierto que hay gente estupenda, pero hay otros que quizás deberían aprender un poquito más.

Todos tenemos que ser profesionales: un director de banco, un médico, y por supuesto, un actor. Si te dedicas a una cosa tienes que hacerla lo mejor que puedes y que sabes.

-P: Acaba de morir Mario Camus, ¿qué recuerda de él, con quien protagonizó “Con el viento solano”, “Cuando tú no estás” o “La vieja música”?

-R: Ha sido un golpe horroroso, porque es parte de mi vida, ha sido bastante duro lo de su desaparición. Mario era un hombre que siempre sabía lo que quería, y no se apeaba del burro nunca. Si le planteabas una cosa distinta, él decía: “Bueno, hazlo como te digo y luego hazlo como quieras. Pero lo tenías que hacer como él quería.

Era una persona educada, entrañable, cariñosa. Lo quería mucho.

-P: Camus, Masó, Fernando Palacios, Summers, Mario Camus, Eceiza, Regueiro, Albaladejo, Javier Balaguer…, ha trabajado con un montón de directores de una gran experiencia.

-Quiero esta profesión, disfruto con ella y lo paso bien ejerciéndola. Lo que peor llevo es estudiar, sobre todo cuando nos dan poco tiempo. Una de las últimas series para televisión que hice nos daban el guión por la mañana para hacerlo por la tarde, y así es complicado hacerlo bien, es como una fábrica de salchichas, pero como profesión es algo precioso. Si volviera a nacer, volvería a ser actriz.