En recuerdo de mi amigo Manolo Baños

Por Matías Balibrea

Jefe de Área de Relaciones Internacionales de la UMU

Buenas tardes Manolo,

Te escribo porque hoy he recibido la triste noticia que un compañero y amigo nos ha dejado y me gustaría compartir contigo mi sentimiento.

Era un “buen tipo”; prudente, familiar, comedido, justo, inteligente, paciente y con la templanza y sabiduría que da la experiencia y la entrega en su labor diaria.

Lo conocí hace más de 35 años cuando estaba en el departamento de Recursos Humanos de la, entonces, “Delegación de Educación” en la Plaza Fontes. Ahí íbamos los maestros recién incorporados al cuerpo a que nos adjudicaran los destinos en septiembre para el nuevo curso escolar.

La vida hizo que nos re-encontráramos años después en la Universidad de Murcia. Primero como Jefe de Servicio con el entonces Gerente Ángel Arruz, más tarde como Jefe de Área e incluso como Gerente en el segundo mandato de José Ballesta como Rector de nuestra institución.

En él encontré una persona comprensiva, con agilidad en sus respuestas a correos electrónicos o llamadas de teléfono, te abría su puerta y encontraba hueco para conversar. Sabía escuchar, era comedido pero resolutivo, siempre buscando solución a los problemas que un difícil y laborioso departamento como el de recursos humanos tiene en su día a día.

Era un trabajador nato, entregado a las funciones que tenía encomendadas y al servicio de la Universidad de Murcia, su universidad.

Con su manera de ser, en su despacho, en la reuniones y negociaciones con la parte social, con los compañeros, …, era capaz de focalizar el problema y encontrar la mejor solución. Elegante y respetuoso, buscaba la fórmula adecuada para satisfacer y favorecer a todos los que le rodeaban.

Supo estar a la altura de su responsabilidad y llevarse bien, tanto con los que de él dependían como de sus superiores.

Nunca un mal gesto, nunca una mala palabra, nunca un no por defecto.

En su “libreta” anotaba las consultas, las diferentes situaciones que se le trasladaban, las expectativas de quien le demandaba ayuda y las instrucciones que recibía para luego, en el silencio de las cuatro paredes de su oficina, buscar y siempre encontrar, la respuesta más acertada a lo que de su labor se le requería: equidad, flexibilidad y acierto dando la solución más justa a todas y cada una de las vicisitudes que se le planteaban.

Sabes Manolo, este amigo se jubiló hace relativamente poco, unos tres años, y por fin pudo disfrutar al cien por cien de lo que realmente es importante en la vida; esposa, hijos, nietos, amigos y aficiones. Lo veía feliz y tranquilo, conocedor que su labor profesional había concluido, con sus aciertos y sus errores pero, en el balance general, con éxito.

Durante estos últimos años hemos estado en contacto, nos hemos ido poniendo al día tanto de temas universitarios como personales hasta recibir la noticia que no quieres escuchar, la eterna paradoja de la “película” que vivimos en este extraño Mundo, un nuevo zarpazo, otra vez, otro amigo, otro cáncer. ¡Qué injusto!. ¡Qué “puñetas” estamos haciendo mal! ¡Por qué la “buena gente”!

Aprendía mucho de él y voy mejorando en todos los aspectos de mi vida, pero será difícil alcanzarle porque como te he dicho al principio, era un “buen tipo” y algunos aún estamos lejos de serlo.

Bueno Manolo, no quiero entretenerte más con este tema pues se que tu también tienes lo tuyo. Seguro que entenderás estas reflexiones que desde la tristeza que hoy tengo he sentido la necesidad de compartir. Perdona mi atrevida sinceridad.

Queda pendiente el café que hablamos en nuestra última conversación.

Un abrazo y ya sabes que tus amigos no te olvidamos.

Matías.