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Recordando al profesor Manuel Acosta Echeverrías

Homenaje a profesores jubilados de la Facultad de Biología
SEMBLANZA POR JOSÉ ANTONIO DEL RÍO CONESA

Excelentísimo Sr. Rector, Ilustrísima Sra. Decana y Vicedecana, estimados compañeros y alumnos.

En primer lugar me gustaría felicitar a nuestro innovador equipo decanal por organizar este merecido acto de reconocimiento de los profesores de nuestra Facultad recientemente jubilados.

Gracias por darme la palabra para hablar del Profesor D. Manuel Acosta.

Lo conocí, hace ya algún tiempo, cuando inicie bajo su dirección mi tesis de Licenciatura y posteriormente mi tesis doctoral.

Manolo para mí siempre ha sido un referente y con él aprendí cómo debe ser un profesor universitario.

De él me gustaría destacar tres cualidades: su Capacidad para abordar los temas de investigación, su Constancia en el trabajo y su Ilusión en alcanzar los objetivos propuestos.

Gracias a estas cualidades y a otras, llegó a ser el primer Catedrático del área de Fisiología Vegetal, después del Profesor D. Francisco Sabater. 

Junto con los profesores Sabater y Sánchez Bravo creó el grupo de Fitohormas, un equipo  de investigación de nuestra Universidad con una alta producción científica y elevado prestigio a nivel internacional.

Manolo, desde un primer momento, supo que para investigar se necesita financiación y luchó para conseguir proyectos nacionales y europeos, así como contratos con empresas.

Con esos fondos logró desarrollar las diferentes líneas de investigación propuestas, dotar de equipamiento científico nuestro departamento y formar a un gran número de doctores.

Muchos de esos doctores son profesores de nuestra Universidad y de otras como la Miguel Hernández y la de Alicante. Otros realizan su actividad profesional en empresas privadas.

Supo que para avanzar en la investigación es necesaria la colaboración científica, con lo cual estableció contacto con otros grupos de investigación nacionales y extranjeros.

Dichas colaboraciones abrieron las puertas para que miembros del grupo pudieran hacer estancias pre y post doctorales además de proyectar la imagen de nuestro Departamento, de nuestra Facultad y nuestra Universidad a nivel nacional e internacional.

Consiguió que investigadores de prestigio realizaran estancias en nuestro departamento como la del profesor Dunford de la Universidad de Alberta de Canadá, entre otros.

Desde el punto de vista docente, Manolo destaca por ser un excelente profesor, siempre preocupado por la calidad de la enseñanza y por innovar en técnicas docentes.

Interesado por la formación de sus alumnos, todavía lo recuerdo en el despacho inmerso en un montón de libros, para actualizar los contenidos de las múltiples asignaturas en las que ha estado implicado, y cómo bajaba a clase cargado con una enorme bolsa con libros y revistas científicas para que los alumnos se familiarizaran con las fuentes de información.

No solo consiguió fondos para la investigación, sino también para la docencia práctica, y en este sentido logramos montar el primer Laboratorio de Cultivo in vitro de nuestra Universidad, que ha permitido:

  • impartir la docencia de diferentes asignaturas de las antiguas Licenciaturas y Grados como Biología, Biotecnología y Bioquímica, y diferentes Másteres,
  • así como el desarrollo de proyectos de investigación y tesis doctorales de nuestro departamento.

Forma parte de la Junta Rectora del Museo Lostau, donde Manolo es una pieza clave en la gestión de este magnífico patrimonio de nuestra Universidad.

Entre las múltiples actividades que realiza, cabe destacar la catalogación de los fondos bibliográficos y la divulgación del museo en diversos medios de comunicación.

Para acabar me gustaría decir que si queremos que nuestra Universidad vaya hacia la excelencia, esta debería contar con profesores de la calidad del Dr. D. Manuel Acosta, un profesor EXCELENTE.

DISCURSO DE MANUEL ACOSTA ECHEVERRÍAS

Hablar o no hablar. Esa es la cuestión que uno se plantea, llegado a este punto en el que la jubilación marca un hito sin retorno.

Pero también es verdad que debo de aprovechar la ocasión que me brinda este acto para dar las gracias.

Gracias, en primer lugar, al equipo decanal que ha tenido la iniciativa de organizar este acto entrañable para homenajear a un grupo de veteranos. Gracias a nuestro Rector, al Presidente del Consejo Social y demás autoridades que han venido a acompañarnos y, cómo no, a los presentes por su deferencia.

A José Antonio del Río, que me ha precedido en el uso de la palabra, le doy las gracias por su generosa laudatio, igual que a su esposa Ana Ortuño. Ambos han sido alumnos y compañeros muy queridos con los que comparto una larga trayectoria.

Pero si debo de hacer una mención especial, será para el profesor Sánchez Bravo ya que desde que empezamos juntos a realizar nuestra Tesis doctoral no hemos cesado en una tarea investigadora y docente ilusionante y fructífera. ¡Gracias Pepe! ya que no habría alcanzado muchos de mis logros sin tu apoyo y ayuda.

Gracias, también, a todos mis colaboradores más directos que ya son profesionales distinguidos, a mis doctorandos, a los compañeros y amigos de otros Departamentos y Centros con los que he colaborado en tareas científicas. Aunque no cite más nombres, todos sabéis lo que os debo.

Por último, un recuerdo para los que ya no están con nosotros, maestros y compañeros.

Y bien, volvamos al acto. No es este un evento trivial ya que vamos a cerrar un ciclo importante. Nos vamos los pioneros, los que entre los años 70 y 80 del pasado siglo fuimos renovando la Universidad, mejoramos la docencia, hicimos despegar de forma espectacular la investigación y conseguimos fondos para hacerla. También fuimos abriendo Centros, Facultades y Departamentos, todo ello sin olvidar el frío, el barro, los desplazamientos desde un Campus vetusto a un Campus en construcción, las sillitas y mesitas de la “Casa Cuna” así como algunas peculiares clases en aquel laboratorio con microscopios en mesas dispuestas en herradura que hoy conservamos en el Museo Loustau.

Trabajamos mucho y ahí quedan nuestros afanes. Por ello me vino a la memoria la frase con la que Umberto Eco termina su novela “El nombre de la rosa”:

                                              Nomina nuda tenemus

Lo que en mala traducción parece referirse a la escasa nómina de los jubilados (cosa cierta) pero que realmente significa que sólo nos quedan los nombres. Tras cosas efímeras (dónde están el índice h, los cuartiles o el impacto de las revistas) ahora nos encontramos aquí con menos bagaje: Pilar, Rosa, los dos Pepes, Juan, Roque, Manolo, es suficiente.

Quiero terminar con la añoranza del Gaudeamus que siempre me gustó cantar. Para un fisiólogo vegetal siempre he dicho que refleja nuestro anhelo: Después de una alegre juventud y tras una molesta vejez, pasaremos a ser tierra (humus) aunque al final tengamos la suerte de llegar hasta las flores.

                                               Vivat Academia

                                               Vivant professores

                                               Semper sint in flore