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Entrevista a Gonzalo Navajas, autor de “Literatura y nación en el siglo XXI (Ensayos teóricos y prácticos)”

Literatura y nación en el siglo XXI (Ensayos teóricos y prácticos) es el nuevo libro de Gonzalo Navajas, catedrático de literatura moderna y cine en la Universidad de California en Irvine. Se trata de una reunión de ensayos que trata cuestiones como la nueva temporalidad histórica, la reformulación de la nación dentro de los parámetros de la era global, la emergencia de los nuevos parámetros hermenéuticos o la reestructuración del canon estético después de la revolución de la comunicación digital. Igualmente, aborda críticamente referentes claves de la literatura española moderna y actual, desde Benito Pérez Galdós, Ortega y Gasset y Eugeni d’Ors a Juan Benet, Javier Marías, Javier Cercas y Arturo Pérez Reverte. Son temas, algunos de ellos de absoluta actualidad, sobre los que hemos podido hablar extensamente en la siguiente entrevista:

En primer lugar, ¿cómo surgió la idea de realizar este libro?
Durante los últimos años he estado publicando una serie de artículos y ensayos en torno a la estética y la cultura contemporáneas tanto en el medio español como en el internacional. Esa ha sido una de las orientaciones de mi trabajo intelectual y académico desde hace largo tiempo. Además, y como consecuencia de la evolución de la situación política española y mundial que se ha ido escorando de manera bastante imprevisible hacia la reemergencia del discurso de la nación y la identidad nacional, mis escritos han ido recogiendo esa orientación. El libro es un intento de fusionar e interrelacionar ambas orientaciones. Además de incluir los ensayos nuevos, el libro es una oportunidad de reunir en un solo volumen otros trabajos que estaban diseminados en varios medios y contextos. De este modo, el lector tiene la oportunidad de leerlos de manera más asequible. Además, pienso que el libro les confiere a estos ensayos una dimensión renovada que no tenían cuando aparecieron por primera vez. El ensayo introductorio sitúa precisamente el propósito y la finalidad del libro.

LiteraturaEntre los temas que aborda su obra destaca el de la nación. ¿Por qué la idea de nación en concreto, de dónde viene su interés por este tema?Mi respuesta tiene que ser necesariamente algo contradictoria. Yo he tenido desde siempre una orientación encaminada a potenciar la dimensión internacional de las relaciones culturales. En realidad, una de las causas por las que decidí marchar del medio español, todavía en la infausta era franquista, fue para ampliar lo que me parecía un entorno limitador y sin futuro que me condenaba a un aislamiento inaceptable. He sido y sigo siendo un viajero empedernido por numerosos países y medios y no solo relacionados con el mundo académico. Preocuparse por la nación en España en los años sesenta era desde mi punto de vista hacerlo para superarla en su concepción existente en ese momento y reconstruirla precisamente por su inserción en un espacio externo, más dinámico y auténtico. La cultura española de esa época era un torpe simulacro del discurso cultural internacional. He publicado alguna obra de reflexión y de ficción al respecto en la que tanto el trauma como la expansión personal que suponen el exilio y la expatriación constituyen un foco clave del relato. No obstante, la situación respecto a la nación y los nacionalismos ha cambiado—y no necesariamente para bien—en los últimos tiempos y se exacerbado en los últimos años en particular. El fenómeno Donald Trump, y sus réplicas y cómplices en diversos lugares, es más un síntoma y un reflejo que una causa de ello. En el caso español, hemos conocido y todavía estamos experimentando el debate en torno a la nacionalidad, cómo definirla, qué la constituye, cuáles son las relaciones con el pasado de la comunidad nacional para definir el presente, cuáles son las relaciones entre los diferentes miembros de esa comunidad, etc. No podía quedarme en la pasividad frente a este hecho. No creo que estemos, como han argumentado algunos politólogos y comentaristas políticos, de nuevo en la antesala de los nacionalismos implacables de los años treinta, cuyos resultados conocemos y que obviamente creo que nadie quisiera reproducir. No obstante, creo que el tema de la nación vuelve a ocupar un espacio amplio del debate intelectual actual. Yo no soy un historiador profesional ni pretendo serlo. La aportación específica de mi libro espero que sea mostrar que los textos literarios tanto del pasado como del presente pueden incidir significativamente en el debate actual en torno a la nación, precisamente porque la literatura tiene la libertad y la fluidez de método y de investigación que la historia formal y profesional no tiene. La literatura puede hacer sus propuestas a veces por contraste y de manera connotativa más que por programas y análisis concretos y bien delimitados. La literatura es un saber y un método de conocimiento riguroso y fiable pero que sigue unas líneas propias y específicas. Creo que una de las funciones del profesor de literatura en la actualidad es mostrar cómo leer los textos literarios de la manera más productiva, y no solo como un pasatiempo más o menos irrelevante, que es a lo que nos ha habituado una parte de la trash culture, el vacuo lenguaje charlatán que tiende a predominar en los grandes medios de comunicación actuales.

Habla de una “reformulación de la nación dentro de los parámetros de la era global”, ¿en qué consiste dicha reformulación? ¿Cree que tiene futuro?
La nación es una de las vías de las referencias identitarias más poderosas y creo que va a seguir siéndolo por bastante tiempo porque el sujeto y la conciencia individual requieren puntos de referencia precisos dentro de una comunidad concreta visible y tangiblemente identificable. La Internet es sin duda vasta e ilimitada, pero también puede ser impersonal y emocionalmente confusa y desorientadora. La reformulación del concepto de nación emerge con fuerza especial a partir del momento en que los nuevos medios de comunicación global e instantánea han abierto las vías de comunicación por encima y más allá de las fronteras nacionales. Pienso que la dualidad nación/humanidad va a ser uno de los polos de discusión intelectual de la próxima década. Personalmente, siempre me inclinado por la opción internacional y por la mediación cultural para esa opción porque los referentes y los objetos culturales son de todos y se comparten más allá de los límites nacionales. Mozart se inserta dentro de la cultura referencial en alemán pero realmente sus obras pertenecen a todos por encima de ese origen nacional y lingüístico.

¿Cómo definiría la posmodernidad? ¿Es un concepto que va más allá de lo cultural?
La posmodernidad tiene sus orígenes en la arquitectura de finales de los años sesenta como reacción contra el pretendido universalismo de la monótona y previsible arquitectura funcional que imperó por razones económicas y sociales en la posguerra europea y americana (Mies van der Rohe y Le Corbusier son prototípicos). Es un movimiento en sus principios norteamericano (con Robert Venturi y Philip Johnson) que se extiende luego al resto del mundo. Desde la arquitectura, el salto al pensamiento filosófico y estético se produce con celeridad porque, después del trauma colectivo producido por la posguerra mundial, se requería una reflexión crítica en torno a las deficiencias y los errores manifiestos del universalismo ético y conceptual kantiano. El famoso tratado de Kant Sobre la paz perpetua augura una humanidad en paz y prosperidad para todos, pero en realidad oculta la imposición de unos principios centro-europeos sobre el resto del planeta como garantía de ese orden mundial. La gran cualidad del discurso posmoderno es que pone en cuestionamiento ese orden “moderno” porque percibe que en realidad algunas—no todas—de sus líneas constitutivas han desembocado en las grandes aberraciones del siglo veinte que todos conocemos y que van desde Guernica y Auschwitz al Gulag, etc. La posmodernidad carece de sistema porque su fundamento es precisamente el asistematismo, la desconfianza en los presupuestos universales, permanentes e inmutables para todos. Como método de pensamiento y de reflexión pienso que esa aportación sigue siendo significativa. Sus aplicaciones a la estética y las artes son extensas y profundas en cuanto que confirman conceptualmente la ruptura con la primacía clásica de las reglas del arte. Aristóteles y Kant siguen con nosotros, claro está, y los seguimos leyendo y enseñando en las universidades de todo el mundo, pero los presupuestos con lo que lo hacemos han cambiado, se han hecho más flexibles y críticos, los hemos des-ontologizados y los hemos incorporado a la indeterminación y el devenir actuales.

Y, ¿diría que es un paradigma todavía presente o, por el contrario, ya se ha superado?
Como método crítico e interpretativo sigue presente. Como condición intelectual que se adapta a la fluida y cambiante condición actual sigue también activo. Pero paradigma no implica lo mismo que sistema. El sistema incluye y absorbe, define e imprime carácter a todo lo que queda dentro de él. Es un branding inamovible. Por ello, la vehemente reacción en contra de él. Un paradigma es meramente un cuadro hermenéutico, un contexto dentro del cual se desarrollan caminos y modos diferenciales.

Son famosas las críticas de la posmodernidad por parte de muchos intelectuales que la identifican, a grandes rasgos, con una filosofía de poco rigor académico, con un relativismo moral absoluto… A su juicio, ¿qué hay de verdad y qué hay de caricatura en estas críticas?
Hay una versión vulgar de la posmodernidad, como hay una versión vulgar del marxismo, de la psicología psicoanalítica y de la metodología científica adulterada en las explicaciones pseudocientíficas del mundo. Una vertiente de los medios de la cultura contemporánea tiene la tendencia a simplificar y empobrecer conceptualmente las ideas y los movimientos culturales e intelectuales más profundos. Y es comprensible que sea así en cuanto que la cultura y sus componentes han dejado de ser en principio la prerrogativa de las clases privilegiadas, como ha ocurrido tradicionalmente en todas las sociedades de la historia en las que la cultura ocurría en los palacios, las cortes y los monasterios. Al mismo tiempo, frente a esa versión superficial de la posmodernidad, existe otra opción más rigurosa que la valora en sus logros como crítica de los excesos y la arrogancia del universalismo filosófico, moral y estético.

En el libro afirma que el concepto de la posmodernidad ha permitido la expansión del sistema cultural convencional, al admitir como valiosos dentro de él productos que antes eran excluidos. ¿El balance final de esta redefinición ha sido positivo para la cultura?
Como mantengo en mis trabajos en torno al tema, pienso que esta es una de las aportaciones mayores y más perdurables del hecho posmoderno. El paradigma posmoderno ha facilitado la expansión de lo que merece ser considerado como estético y como digno del examen crítico riguroso. Antes de él, era difícil incluir los textos de la cultura actual contemporánea en los programas de estudio porque se consideraba que solo la literatura “muerta,” y por tanto ya clausurada e inmutable, podía ser estudiada y considerada de manera fiable. Junto a esta expansión del repertorio estético hacia lo que fluye en la actualidad, el hecho posmoderno permitió la inclusión de formas del arte que no se consideraban como lo suficientemente dignas de ser incorporadas a la normativa convencional. Las formas del arte audiovisual, de los medios artísticos son algunos ejemplos. La literatura de los grupos minoritarios, de los marginados o discriminados por su origen étnico, nacional, lingüístico y de género sexual son otros ejemplos. Todo ello conlleva un magnífico incremento del repertorio artístico además de una ampliación de la base democrática del arte. Como contrapartida, puede argüirse que esta expansión puede verse acompañada de una banalización de lo valiosamente artístico, de lo que perdura, de lo que merece ser canonizable. Desde esta perspectiva, pienso que la función de la academia universitaria más rigurosa es enjuiciar y elucidar los productos del arte contemporáneo y ubicarlos dentro del archivo cultural común.

Hay una categoría, nos dice, que la posmodernidad subestima, como es la de nación, lo nacional… ¿A qué se debe?
El movimiento posmoderno implica una ruptura y fractura de normas y reglas seculares y entre ellas, la ortodoxia semi-sacra del proyecto moderno, que, por cierto, todavía mantiene algunos seguidores imperturbables. Lo posmoderno se concibe a sí mismo como revolucionario. No es una revolución decimonónica y romántica a partir de la destrucción violenta de los palacios del viejo orden metafísicamente inamovible. Es una revolución ad-hoc, porque las revoluciones decimonónicas que fascinaron a muchas figuras intelectuales de la primera mitad del pasado siglo se han devorado a sí mismas a partir de sus propios principios. Es una revolución sin programa y sin principios establecidos y universales, aplicables a todos por igual más allá de las circunstancias. La ruptura de las fronteras de la nación queda dentro de la dinámica de este movimiento. Siguen existiendo fronteras nacionales pero se han hecho, por los menos en algunas partes del mundo, más permeables y modificables. Ha permitido también que los agentes de identificación trasciendan lo local e inmediato y se trasladen a la red, la network society, que para muchos jóvenes en particular tiene más inmediatez y realidad sensorial y existencial que la constitución, el parlamento y el equipo ministerial de un país, que pueden percibirse como entidades remotas y frías.

¿Y cómo se explica que, sin embargo, haya reemergido con intensidad?
No es fácil para todo el mundo asumir sin reservas el nuevo espacio global y mundial. La nueva realidad puede provocar el Angst de la ausencia de raíces y de estar flotando en un magma en el que hablamos y conectamos con todo el mundo pero de una manera intangible y sin consistencia real. La reemergencia del impulso nacional es una respuesta impulsiva, emotiva, más que racional, pero extraordinariamente poderosa a la indefinición del modo posmoderno y del concepto de “nación débil” en el que nos hallamos en estos momentos. Trasladarse de la reemergencia de la nación al nacionalismo más o menos exaltado puede ser más fácil de lo previsible, como lo hemos estado comprobando recientemente tanto en Europa como en Estados Unidos, en particular. El hecho posmoderno se aleja de la razón sistemática y prima el campo de los procesos y experiencias afectivos, propio de un pensador como Spinoza, un judío heterodoxo sin más patria que su mente itinerante. Sabemos, no obstante, que el territorio de los afectos puede ser altamente prometedor pero también imprevisible.

También afirma que “la literatura no puede sostenerse solo en la acusación y la denuncia, pero debe aspirar a romper las convenciones y los hábitos que simplifican y adormecen la complejidad y las aporías del mundo”, ¿por qué debe tener esa función?
Yo pienso que la literatura es una forma de conocimiento tan legítima como otras formas del saber de las llamadas ciencias blandas como la psicología, la sociología, la filosofía, etc. Lo hace a partir de unos procedimientos y metodología propios, que no coinciden necesariamente con los de otras formas del saber. En sus mejores casos, los textos literarios más destacados nos abren el camino a horizontes no conocidos antes. Pienso, por ejemplo, en Marcel Proust. Sé que es un autor de lectura difícil, no accesible tal vez fácilmente a todo el mundo. Sé también que sus temas y su estilo literario moroso y alambicado no son demasiado compatibles con el lenguaje de la velocidad y la instantaneidad a que nos ha acostumbrado la cultura en pequeños contenidos mínimos de Twitter y otros vehículos similares. Además, los datos biográficos de Proust no lo convierten de inmediato en una superestrella mediática. Su vida fue aristocráticamente hermética, sin grandes hechos, incluso diría irremisiblemente aburrida. No obstante, cuando entramos en sus textos, nos adentramos en una conciencia excepcional que nos amplía nuestra capacidad de percepción de los hechos humanos. En la vida de Proust no ocurren muchas cosas externas espectaculares. No hay efectos especiales, ni ruido ni ostentación, ni aparato. No obstante, el privilegio de poder compartir la mirada observadora de Proust en uno de sus paseos reales o imaginarios por las playas de la ciudad figurada de Balbec, contemplando, extasiados con él, la belleza cósmica de la naturaleza y el mar y la juventud gozosa de las muchachas “en fleur” que lo ignoran es una experiencia transformativa en cuanto que me hace ver el mundo y las relaciones humanas de manera inusitada y más profunda. En otras palabras, la literatura incrementa y enriquece mi repertorio de humanidad con registros nuevos.

Usted se marchó de España en 1970, durante el franquismo. ¿Cuál ha sido la evolución del panorama intelectual español en los más de 40 años que han pasado desde entonces?
Cuatro décadas es un largo tiempo. Afortunadamente, en este tiempo el país ha evolucionado de manera muy considerable. No voy a juzgar los datos políticos y económicos que son conocidos y están bien analizados. Para mí, es especialmente significativa la transformación de la expectativa existencial del país. Cuando decidí probar fortuna fuera de España lo hice, como otros compañeros míos, porque estaba persuadido de que el país me impedía desarrollar mi potencial, grande o pequeño, pero el mío. España era una sociedad que te condenaba al fracaso si uno se negaba a aceptar las normas restrictivas que imponía para poder tener un cierto éxito. El liberalismo nacional, desde Larra en adelante, ha afirmado el destino inexorable de España, como si no hubiera redención para un país en el que, como se lamentaban Luis Cernuda y luego Jaime Gil de Biedma, la historia siempre termina mal. Pienso que los últimos años han abierto la posibilidad de que ser español y vivir en España no sea una empresa desoladora. Como en otros países, en última instancia, la responsabilidad de los logros personales es de uno mismo, individual y propia. Lo que había ocurrido en España es que los componentes condicionantes del país impedían desarrollar ese potencial. La progresiva desaparición—que espero se extienda y se desarrolle más—de ese horizonte fatalista pienso que tal vez sea la transformación para mi más notable desde un punto de vista cultural.

¿A su juicio, cuenta España con intelectuales potentes en la actualidad? ¿Cómo calificaría su situación en comparación con los países de nuestro entorno?
Obviamente, en comparación con el ambiente cultural de los años del franquismo, el lenguaje y la condición intelectual han experimentado cambios profundos. Lo que se dice, se enseña y se discute tiene una diversidad y autenticidad de la que carecía en el pasado. Desde mi perspectiva externa, me gustaría señalar que el discurso español debería procurar penetrar más en el medio internacional y para ello debería hacerse menos local y menos inmediato. Hacer propios los temas que motivan a la humanidad y tratar de hacer aportaciones a ellos a partir de las premisas generales comunes fuera del país.

Menciona en su libro un vínculo entre dos autores que nos ha llamado la atención: ¿qué hay de George Orwell en Arturo Pérez Reverte?
Llevo algún tiempo interesado en el concepto y la actuación del intelectual público y su función en los años de entreguerras en particular. Lo que me interesa de George Orwell es su negación a acomodarse a la facilidad de la aquiescencia ideológica. Su libro, Homenaje a Cataluña, es un ejemplo. Orwell llega a Barcelona en 1937 como voluntario a favor de la República pero sobre todo por su adhesión a la causa de la revolución popular. Se une al POUM, va al frente aragonés, es gravemente herido, y tiene que dormir en las calles de una Barcelona peligrosa y de alto riesgo para no ser asesinado por sus enemigos ideológicos. Sin abandonar sus principios, Orwell hace autocrítica, ve los límites de su proyecto revolucionario, los enjuicia, los expone, no se somete al Diktat de una militancia ciega. Sacrifica incluso su interés personal. Por su disidencia ideológica con relación a la impenetrable intelectualidad de la época, no encuentra editor para su libro y, cuando finalmente lo consigue, la edición es mínima y pasa desapercibida. Es esta independencia y determinación de análisis crítico lo que valoro especialmente en la figura del intelectual. Mi visión de Arturo Pérez-Reverte queda enmarcada dentro de estas premisas. Recojo estas ideas mucho más detalladamente en un libro de aparición próxima El intelectual público y las ideologías modernas. Le remito a él para profundizar en el tema.

Asimismo, explica que Unamuno se anticipó a las críticas de los posmodernos a los marcos absolutos del proyecto moderno. ¿Podría darnos algunos ejemplos ilustrativos de esta visión en sus obras?
Unamuno me ha interesado por largo tiempo tanto por lo que el contexto intelectual y cultural actual ya no comparte con él como por los aspectos de su pensamiento y de su trayectoria existencial que sintonizan con él en la actualidad. En cuanto al movimiento posmoderno, los puntos de contacto son notables. Entre los más destacados se halla la desconfianza crítica de Unamuno contra los modelos filosóficos omnicomprensivos de definir el mundo. Frente a esos modelos, Unamuno afirma la prevalencia de la conciencia y la experiencia personal para situarse en la realidad como devenir en lugar de pretender fijarla de una vez por todas y para siempre. Además, Unamuno eleva el poder existencial y experiencial de las figuras literarias como modelos de conducta individual. Una aventura de Don Quijote, un monólogo de Macbeth, un poema místico de San Juan de la Cruz son para él más determinantes que los grandes eventos históricos de su época. Otro elemento importante es la ruptura de fronteras de género literario. Unamuno hace ficción histórica e historia ficcional antes que se hayan convertido en la actualidad en uno de los caminos preferentes de la novela. Mi libro, Unamuno desde la posmodernidad, estudia estos temas.

Por último, nos gustaría preguntarle sobre una cuestión de actualidad. Con motivo del referéndum independentista del 1 de octubre en Cataluña, además de producirse un intenso debate sobre nacionalismo, otro tema protagonista ha sido el de la imagen de España en el exterior. Así, por ejemplo, Muñoz Molina se quejaba de una visión estereotipada del país (“franquista”, “atrasado”, etc.) en la prensa extranjera, tanto europea como norteamericana, o en algunos de los corresponsales. ¿Qué opinión le merece esta polémica, y qué nos puede decir desde su larga experiencia en Estados Unidos?
Pienso que la estrategia cultural española para el exterior es insuficiente y carece de un foco preciso. Más que una potencia económica y política, España es, sobre todo, una potencia cultural, tanto por su pasado clásico como el moderno y contemporáneo. Calderón, Velázquez, Manuel de Falla, Federico García Lorca y Joan Miró, entre muchos otros, son lo que Pierre Bourdieu caracterizaba como un capital simbólico indiscutido internacionalmente por encima y al margen de las ideologías y los orígenes nacionales. Creo que se debería dar más énfasis a estos aspectos. Otros países europeos con un repositorio cultural menor que el español lo hacen de manera más efectiva. Puesto que menciona mi experiencia en Estados Unidos, un aspecto que en mi opinión debería atenderse más es la importancia de la cultura en español en ese país, cuyas raíces españolas son amplias (un gran pedazo del país formó parte del espacio político español durante siglos). Potenciar los vínculos de la cultura y la intelectualidad española con Estados Unidos es una de las vías a explorar por las instituciones culturales del país. Pienso que la imagen de un país es la que proyectan sus intelectuales y artistas más que sus políticos. El poder del artista y el intelectual no es un poder ejecutivo sino de percepción y de conciencia, un soft power, de penetración lenta y gradual, pero a la larga más efectiva. Por ello puede ser más duradero. La imagen internacional de España no puede quedar definida por los desmanes del periodo franquista y los calamitosos errores ideológicos del país desde Felipe II en adelante. Todos los países tienen componentes y episodios aberrantes y vergonzosos en su historia. Alemania es el caso paradigmático. Se trata de asumirlos, explicarlos y, después de realizar un proceso terapéutico y catártico, potenciar una visión más productiva de la comunidad nacional tanto para el interior como para el exterior. Lo que no creo aconsejable es reemplazar la soberbia y la retórica necias y contraproducentes del pasado con la internalización en el subconsciente colectivo de una autoimagen de inferioridad frente a otras comunidades culturales. Ello nos condenaría a reciclar y repetir episodios fracasados de la inserción del país en el mundo. Una de las finalidades de mi libro, Literatura y nación en el siglo XXI, es avanzar posibles caminos, desde la literatura y la historia intelectual, para esta reasimilación de la historia cultural nacional dentro de unos parámetros más amplios y prometedores.


Entrevista a Raúl Morales Sanes, autor de “Imágenes de una guerra. Aproximación al Cantón de Cartagena y su representación iconográfica”

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Imágenes de una guerra. Aproximación al Cantón de Cartagena y su representación iconográfica es el primer libro de Raúl Morales Sanes (La Unión, 1991), un joven historiador del arte, especialista en el campo de la cultura visual. Se trata de una obra que aborda el contexto histórico de la Rebelión Cantonal de 1873 y, sobre todo, ofrece una recopilación de grabados e imágenes del conflicto que no se habían investigado hasta hoy. De ese trabajo original, pero también de algunas de las leyendas que envuelven aquellos días, hemos tenido la oportunidad de conversar con el autor.

¿Por qué el Cantón de Cartagena? ¿Qué le llevó a estudiar este tema?
Era un tema que estaba hasta el momento sin trabajar. Yo comencé con él hace unos dos años aproximadamente. Sabíamos que existía un rico repertorio de grabados que estaban repartidos por bibliotecas, hemerotecas, archivos… tanto en España como fuera de ella, y existían imágenes que aún no habían sido clasificadas, analizadas, y estudiadas debidamente, por lo que era un trabajo necesario. Es un tema totalmente inédito, ya que el Cantón de Cartagena sí que se ha trabajado en diversas publicaciones, pero todas ellas con un enfoque exclusivamente histórico.

Y abriendo un poco más la pregunta, ¿de dónde viene su interés por la historia del arte?
Desde pequeño me interesó muchísimo la Historia del Arte, ha sido algo innato en mí. Al principio no sabía muy bien cómo abarcar esta inquietud, y siempre tuve una proximidad con varias disciplinas afines, desde las Bellas Artes, incluso Historia, u otras ramas como la Comunicación Audiovisual. Siempre me ha interesado mucho cómo se refleja un momento histórico a través de las creaciones artísticas.

¿A quién está dirigido el libro? Se trata de una publicación académica, pero, al mismo tiempo, la gran cantidad de grabados pueden interesarle a cualquier persona…
Sí, lo bueno de este libro es que tiene múltiples destinatarios: desde un público académico, al que le puede servir como instrumento de trabajo (pues los grabados tienen una información muy amplia sobre la propia historia del Cantón, la vestimenta del momento, las armas de la época, o incluso sobre la manera de contar un relato al público); hasta la sociedad en general o cualquier persona interesada en la historia de Cartagena.

¿Cuánto duró el proceso de recopilación de esos más de 100 grabados? ¿Hubo alguno en concreto que fuera más difícil, o incluso imposible de conseguir?
El proceso duró cerca de dos años, y fue un trabajo laborioso. Por ejemplo, hay algunos grabados de los que sí que nos ha costado más conocer su autoría, sobre todo grabados ingleses, y esto se debe a que en el mundo inglés no se consideraban un arte sino más bien una labor mecánica, por lo que a menudo no encontraremos firma del autor.

En el libro afirma que la parte iconográfica del cantón de Cartagena, a diferencia de la de otros episodios bélicos, ha caído en el olvido hasta nuestros días. ¿Por qué cree que no ha habido historiadores del arte murcianos que hayan tratado el tema antes?
Sí, son cosas que a veces pasan. Como decía, había publicaciones anteriores sobre el Cantón de Cartagena, pero nunca se había abordado este estudio iconográfico que para mí era necesario y muy importante, y que nos sirve también para apreciar el carácter ideológico que se transmite en los lenguajes de la propia imagen, y cómo ese carácter artístico está presente al relatar la guerra cantonal, con grabados en algunas ocasiones magníficos y con influencias de grandes maestros como Francisco de Goya.

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También indica que hasta la publicación final del grabado en la prensa, el dibujo pasaba por al menos tres manos, algo que preocupaba a algunos autores. ¿Podría explicar un poco más cómo era ese proceso?
Los grabados, en función de su naturaleza (en el libro explicamos esta estructura), pasan por diferentes manos: del dibujante al grabador, o bien desde un corresponsal que se desplaza a Cartagena, toma anotaciones, y de nuevo las transmite a un dibujante, este a su vez transmite ese boceto a un grabador que se encarga del resultado final. En otros casos, se recurre la fotografía, en concreto a una serie de Jean Laurent de Cartagena del año 1871, a partir de las cuales se toma el escenario y posteriormente se le añade el episodio que se quiere representar (una escena de guardia, un combate naval…) y de nuevo es grabada finalmente. Al pasar por tantas manos, a los dibujantes les preocupaba que ese suceso que ellos habían retratado, cuando quedase grabado, no se pareciera en nada a lo que había ocurrido en realidad.

Como apunta en la segunda parte del primer bloque, ya en el siglo XIX la imagen de prensa tenía una función ideológica. ¿Cómo se vio en concreto en la prensa extranjera la revolución cantonal?
Con mucha preocupación, pues estaban en juego los intereses económicos de las principales potencias del momento (Francia, Alemania, Inglaterra…). Hay que tener en cuenta la importancia que tenía el Mediterráneo en aquel entonces para los intercambios comerciales, el peligro de que una revolución pudiera hacerse con los buques más importantes de un país, o el hecho de ser Cartagena una de las plazas militares más fuertes de Europa.

¿Entonces estos países eran favorables a la revolución, o eran más partidarios del statu quo?
Fueron más bien imparciales durante el conflicto, aunque observaron el acontecimiento con mucha preocupación.  De hecho, el gobierno central español, como no tenía capacidad de luchar por mar con el Cantón, lo que hace a los días de proclamarse este es dictar el Decreto de Piratería, con el que se buscaba que las potencias extranjeras que sí tenían capacidad militar entraran de lleno en el conflicto y atacaran los buques sofocando la sublevación. Sin embargo, no se consiguió ese fin: las potencias se desplazaron a aguas de Cartagena, muy cerca, pero en ningún momento intervendrán de manera directa en el conflicto, simplemente se mantendrán en una posición de observadores.

Entrando ya de lleno en la parte histórica, ¿qué papel jugó la burguesía en estas revueltas? ¿Influyó en su extensión por numerosos lugares no solo de la región, sino de toda España, al menos en un primer momento?
Sí, el movimiento cantonal fue fundamentalmente un movimiento burgués. Aunque queramos verlo a veces como un movimiento obrero, y aunque se aprovecharan de esas ideologías que tenían una pujanza extraordinaria en estos momentos, una vez que tiene lugar la proclamación, el movimiento responderá a los intereses de la burguesía. En su diario oficial, El Cantón Murciano, vemos algunos ejemplos de ello a través de algunas afirmaciones recogidas en este libro donde se renuncia a aspectos tan importantes como la igualdad de clases, o donde se desvincula rápidamente de algunas figuras anarquistas con que se les asocia.

Del Cantón de Cartagena también hay varios relatos más o menos populares, y nos gustaría que nos dijera lo que hay de cierto o de leyenda en ellos. El primero es el que dice que se izó una bandera otomana.
Sí, se dice que no existía una bandera roja en Cartagena, y que entonces se recurre a una bandera turca por su similitud, ya que solamente tiene una media luna. En ese momento, un personaje cantonal se hace un corte en su brazo y con esa sangre que derrama se tiñe por completo la bandera de rojo. Sin embargo, a pesar de lo romántico del relato, es un mito. De hecho, algunos investigadores ya han apuntado documentos donde se indica exactamente el lugar y las fechas en que se habría tejido la bandera roja que se izó el día de la sublevación en el fuerte de San Julián.

Otra historia que hemos leído tiene que ver con una supuesta petición de anexión a los EEUU.
También es falsa. Sobre el Cantón de Cartagena debemos apuntar que existe una atmósfera de mito y romanticismo favorecida por las grandes obras literarias que se han generado hasta nuestros días sobre este acontecimiento, como la realizada por Benito Pérez Galdós, De Cartago a Sagunto, o la gran novela Mister Witt en el Cantón, de Ramón J. Sender.

Y por último, ¿hubo una declaración de guerra de Jumilla a la ciudad de Murcia?
No podemos afirmar con rotundidad este hecho pues sabemos que en Jumilla existieron numerosos partidarios del partido republicano de Pi y Margall, sin embargo, como apunta Antonio Pérez Crespo en su libro El Cantón Murciano ni siquiera tenemos constancia de que Jumilla se declarase Cantón independiente. La única fuente fiable que conservamos al respecto son las actas capitulares de dicho ayuntamiento donde el gobernador civil solicita fondos para los emigrados de Cartagena residentes en Jumilla.


Conversamos con Santiago Delgado del libro Santa Catalina de Alejandría de Bartolomeo Cavarozzi

 

Entrevistamos a Santiago Delgado, presidente de la Asociación de Amigos y Protectores del MUBAM, y coordinador de la obra Santa Catalina de Alejandría de Bartolomeo Cavarozzi (1590-1625),  con motivo de la presentación del libro en el Campus de la Merced.

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Foto de Juan Soriano

Para el nacimiento de este proyecto han colaborado MUBAM, APROMUBAM y el Servicio de Cultura de la Universidad de Murcia. En esta primera edición, se trataba de escribir sobre el cuadro Santa Catalina de Alejandría del italiano Bartolomeo Cavarozzi, del XVI. El resultado son diez aportaciones que enriquecen, en su diversidad, una de las piezas maestras del Museo de Bellas artes de Murcia. El libro está estructurado en cuatro apartados: ensayo, poesía, narración y teatro, pertenece  a la serie: Lienzo y papel.

Pregunta: ¿Qué les motivó a la realización de este libro?

Respuesta: Cumplir el objetivo de dar difusión a los cuadros del Museo de BBAA de Murcia, y una actividad para la Asociación de Amigos del MUBAM (APROMUBAM), de la que soy presidente.

P: ¿A quién va dirigida esta obra? ¿Qué le diría a la gente para fomentar su lectura?

R: A todos los interesados en la pintura. Y a los murcianos en general, para que conozcan esta obra de arte singular en el Museo que les pertenece.

P: ¿Cuánto tiempo les llevó elaborar este libro?

R: El libro, desde que se gestó como proyecto hasta que ve la luz editorial, gastó un año más o menos.

P: ¿De dónde proviene vuestra afición por el mundo del arte?

R: Desde que estudié Historia del Arte en Sexto de Bachillerato, en 1965.

P: ¿Qué aporta Santa Catalina de Alejandría de Bartolomeo Cavarozzi (1590-1625) al Arte y a la Literatura?

R: Un paso entre el tenebrismo de Caravaggio y el Realismo impresionista de Velázquez.

P: Sois doce las personas que habéis participado en la redacción de este libro, ¿ha sido muy difícil organizaros? ¿Cómo fue el proceso de elaboración?

R: El proyecto “Lienzo y Papel” se organizó en APROMUBAM, que enseguida contó con la colaboración de MUBAM y UMU. La colaboración con UMU se distribuyó entre el Servicio de Cultura y Editum. Todo programado. Los autores tuvieron cuatro meses para pergeñar sus escritos.

P: ¿Por qué habéis decidido escribir sobre el cuadro  Santa Catalina de Alejandría de Bartolomeo Cavarozzi?

R: Es uno de los más representativos y valiosos del MUBAM.

P: ¿Cómo influyó Bartolomeo Cavarozzi en los artistas españoles posteriores a su época?

R: Trajo el Tenebrismo, aunque atemperado. Permaneció poco tiempo en España.

P: ¿Qué cualidad considera más importante para ser un gran artista: el talento o la pasión?

R: El talento. Nada sobra en un artista, pero si no se nace, se es un artesano.

P: ¿Qué diferencias podemos observar entre los estilos de Caravaggio y Cavarozzi?

R: Más exagerado en la tendencia tenebrista, Caravaggio.

P: ¿Qué grandes obras de artistas murcianos podemos encontrar en el Museo de Bellas Artes de Murcia?

R: Orrente, Tegeo, Medina Vera, Villacis, Martínez Pozo, Obdulio Miralles y otros.

P: Como presidente, ¿podría decirnos cuáles son las principales labores de la Asociación de Amigos y Protectores del MUBAM?

R: Llevamos a cabo unas cuarenta actividades a lo largo del año, en las que reunimos, entre todas, unas 1200 personas. Visitas guiadas, conferencias, viajes…

P: Háblenos sobre su trayectoria profesional

R: Fui profesor y escritor. Hoy jubilado. Presido APROMUBAM y soy Secretario General de la Real Academia Alfonso X el Sabio, de Murcia.

P: ¿Tienen pensado sacar un nuevo libro? De ser así, ¿podría adelantarnos algo?

R: El 23 de marzo presento la novela Me llamo Francisco Salzillo, en la Iglesia de Jesús, de Murcia. Son unas memorias noveladas del insigne imaginero murciano del XVIII.

 


Entrevista a los directores de “Diccionario biográfico y bibliográfico de la ciencia y la medicina en la Región de Murcia”



En esta entrada presentamos la entrevista que hemos tenido la oportunidad de realizar a los autores del libro Diccionario biográfico y bibliográfico de la ciencia y la medicina en la Región de Murcia presentado el pasado 7 de febrero en el Campus de la Merced. Una obra que consta de dos volúmenes en la que se pone de manifiesto que, ya desde inicios de la Edad Media, había en la Región de Murcia una actividad científica significativa y en la que se recogen más de trescientas biografías relativas a científicos y médicos murcianos de los siglos VII al XX. Sus directores son José Miguel Sáez Gómez, Carlos López Fernández, Pedro Marset Campos y Juan Francisco López Sánchez. Algunos de ellos forman parte de un grupo de investigación sobre la Hª de la Ciencia, Documentación Médica y Promoción de la Salud.

 

FotoDiccionario

 

Pregunta: Como bien dicen, se trata del primer libro publicado en la Región de Murcia que recoge de forma sistemática las biografías y bibliografías de científicos y médicos murcianos a lo largo de la historia. ¿Qué os motivó a su realización?

Respuesta: Precisamente el hecho de que no existiera una obra dirigida a conocer a nuestros científicos, pero tampoco una obra sistemática que recoja la historia de la ciencia y de la medicina en Murcia, de la que creo que la introducción que hacemos en el libro puede ser el punto de partida.

P: ¿A quién va dirigido este libro?

R: A historiadores, científicos, profesionales de la salud y público culto en general. Aunque es un trabajo hecho por especialistas y creemos que puede ser útil a profesionales de la historia, también hemos intentado que el lenguaje que usamos sea accesible a cualquier clase de público interesado en el pasado de la Región de Murcia, así como a profesionales científicos que quieran conocer la historia de la especialidad en la que trabajan.

P: ¿Qué aporta Diccionario biográfico y bibliográfico de la ciencia y la medicina en la Región de Murcia al estudio de la medicina y la ciencia en nuestra región?

R: A pesar de la idea generalizada de que Murcia ha tenido siempre un papel secundario en la Historia de la Ciencia, robándole la frase a mi compañero Carlos López, creo que hemos podido demostrar que en Murcia ha habido actividad científica desde la Edad Media, que esta se ha desarrollado tanto desde las instituciones como por iniciativa particular, y que esta actividad ha dado como resultado unos productos muy dignos.

P: Hacer un libro de estas características requiere mucho trabajo, ¿podríais explicar cuánto tiempo os llevó hacerlo, cómo era vuestro día a día durante el proceso de elaboración y las dificultades con las que os habéis encontrado?

R: Esto es largo de explicar. El punto de partida fue una obra anterior de nuestro grupo, Ciencia e Instituciones Científicas en la Región de Murcia (1750-1936), que dirigió nuestro compañero, tristemente fallecido, Manuel Valera. Esa obra fue publicada en 2005 por la Fundación Séneca (Agencia de Ciencia y Tecnología de la Región de Murcia) y ya entonces se adquirió el compromiso de trabajar en la línea de investigar la biografía de los científicos murcianos, muchos de los cuales ya se citaban en ella. El primer resultado de este proyecto fue otra obra, Médicos murcianos de la Escuela Histológica Española, que dirigió Pedro Marset y se coeditó en 2008 por Fundación Séneca y Editum. Trabajamos a partir de entonces en la segunda parte de Ciencia e Instituciones Científicas… Esta segunda parte, dirigida por Pedro Marset, Carlos López y yo mismo, se dedicó al periodo de la Guerra Civil y el Franquismo (1936-1975). Aunque estaba finalizada desde 2010 no se publicó hasta 2013 (también con Editum) por los retrasos ocasionados al abandonar la Fundación Séneca el proyecto. A partir de 2010 se definió claramente la idea de un diccionario biográfico, se eligió a los colaboradores, es establecieron las directrices mínimas y se fue recopilando y ordenando todo el material que recibíamos de cada uno de los colaboradores. Ha sido un trabajo de revisión de todo lo publicado hasta el momento, pero también en muchos casos, de investigación original que nos ha llevado a visitar archivos públicos y privados.

P: Si tuviesen que elegir a uno o dos personajes históricos de este libro que les hayan marcado o hayan despertado en ustedes especial interés, ¿cuáles serían? ¿Por qué?

R: Imposible contestar a esto. Entre las aproximadamente 350 entradas que contiene el diccionario hay muchos personajes destacados por unos u otros motivos. En el caso de las ciencias de la salud, que es lo que mejor domino, podríamos citar por su papel en la renovación científica de la España de principios del siglo XVIII al murciano Diego Matheo Zapata; al que es considerado primer pediatra español, Mariano Benavente González (padre además del Premio Nobel de literatura Jacinto Benavente); por su contribución a sacar a España del estancamiento científico en el que se encontraba a finales del siglo XIX al cartagenero Amalio Gimeno Cabañas, impulsor de la Junta para la Ampliación de Estudios (JAE); por su papel en las instituciones sanitarias murcianas a Román Alberca Lorente; por ser un ejemplo de los que tuvieron que marchar al exilio después de la Guerra Civil y continuar allí su actividad científica, al traumatólogo de extraordinario prestigio Juan González-Aguilar, que además de continuar su  carrera en Argentina se convirtió en una notable influencia directa en la ideología del “Ché” Guevara; por representar bien a los que se quedaron en España pero a costa de sufrir la marginación y el exilio interior a Luis Valenciano, Antonio Pedro Rodríguez Pérez o Luis Calandre… Son solo ejemplos de distintos motivos para los que podría haber citado a otros personajes en vez de a estos. No podría elegir. Todos estos personajes que he mencionado han sido “murcianos de afuera”. Considero que también sería justo nombrar a algunos de los que consiguieron obras importantes desde dentro de la Región. Por ejemplo: Leopoldo Cándido fundó a finales del siglo XIX el laboratorio municipal de Cartagena, de un alto nivel científico; Juan Antonio Martínez López creó el primer Instituto de vacunación en Murcia; Laureano Albaladejo García consiguió que el Instituto Provincial de Higiene fuera un centro de referencia antes de la Guerra Civil; Román Alberca fue autor de una obra clínica, científica y docente en psiquiatría del más alto nivel…

Carlos López destaca a Fernando Ramón y Ferrando (catedrático de Física que trabaja en astronomía y radiaciones) y a José Fernández-Nonídez (que se fue a Nueva York a ayudar a Morgan a sentar las bases de la Genética moderna). También recuerda a Olayo, qe fue forjador del Gabinete de Física del Instituto e introductor del darwinismo en Murcia, y a Feringán, que construyó en Cartagena  el Arsenal y la Muralla de Carlos III, a la vez que en Murcia diseñó la fachada del actual Imafronte de la Catedral.

P: López Piñero acuña el término “murcianos de afuera” para hacer referencia a las contribuciones de murcianos a la ciencia desde fuera de la Región, ¿alguno de ustedes también lo son?

R: Todos nosotros trabajamos en la Región. Lo que sí tenemos en un “valenciano de afuera” y murciano de adopción, Pedro Marset, Catedrático Emérito de Historia de la Medicina y uno de los profesores que fundaron nuestra Facultad de Medicina de la Universidad de Murcia.

Diccionariobiografico

P: ¿Qué beneficios tienen los Baños de Archena para la salud de las personas? ¿Existe en España otro lugar similar a este?

R: En Murcia no solo hubo baños en Archena. También en Alhama, Fortuna, Mula, Lorca… además de en todo el territorio español. El tratamiento con aguas minerales y termales es una de las primeras terapias utilizadas por la humanidad, combinando los beneficios que puede aportar la composición química del agua, su temperatura y los vapores que se desprenden. Generalmente se han indicado para afecciones de la piel, respiratorias y reumatológicas. Hubo un momento en que adquirió tal importancia que en España se creó el “Cuerpo de Médicos de Baños”, del que varios representantes están incluidos en el Diccionario.

P: José Hernández Ardieta se preguntaba “¿quién se atreverá a negar la posibilidad de una renovación gradual de los órganos hasta conseguir la eterna juventud de todo lo que vive?”. ¿Ustedes creen que es posible esa “eterna juventud”?

R: Es una de las cosas que buscaban los alquimistas y que seguramente seguimos buscando, pero no creo que sea posible. Lo que sí es cierto es que los avances en la medicina proporcionan cada vez mejores posibilidades de tratamiento de las enfermedades y hasta de reemplazar un órgano enfermo por otro sano, seguramente pronto con órganos creados en el laboratorio a partir de células madre… Claro que el problema ya empieza a ser que podamos tener una sociedad lo suficientemente equitativa, justa y solidaria como para que los beneficios de la ciencia lleguen a todos por igual y no solo a los que tienen los recursos económicos.

P: ¿Consideran que la figura de Alonso de Espejo fue clave para promover la creación de una Facultad de Medicina en Murcia pese a que esta no se desarrolló hasta tres siglos después de su fallecimiento?

R: No. Lo que sí consiguió Alonso de Espejo fue aumentar la implicación de la administración en la atención de la salud de la población. Lo que no es poco.

P: ¿Creen que de haberse construido la Facultad de Medicina mucho antes del año 1969 el número de murcianos dedicados a la Medicina habría sido más elevado?

R: En el pasado, desde el mismo momento en el que se hubiera fundado la Facultad de Medicina, seguramente sí, ya que el problema económico de estudiar fuera de Murcia era un factor limitante muy importante. Lo que con seguridad también hubiera ocurrido es que la producción científica en medicina sí hubiera sido mucho mayor al contar con un marco institucional adecuado.

P: ¿Piensan que Murcia es una de las zonas de España que cuenta con los mejores médicos del país?

R: Sin duda. Tanto nuestra Facultad de Medicina como nuestros centros sanitarios son de gran nivel científico y técnico, lo que permite la mejor de las cualificaciones para nuestros profesionales.

P: Háblenos sobre vuestra experiencia profesional

R: José Miguel Sáez Gómez (Murcia, 1959), Licenciado (1983) y Doctor en Medicina y Cirugía (1988) por la Universidad de Murcia. Desde 1989 ha desarrollado toda su trayectoria profesional como Profesor Titular de Universidad en la Universidad de Murcia, en el área de conocimiento de Historia de la Ciencia. Acreditado por la ANECA para el cuerpo de Catedráticos de Universidad en junio de 2016. Su investigación se ha orientado hacia la historia de la Medicina moderna y contemporánea, en especial en el ámbito de la Región de Murcia, y hacia la Documentación científico médica. Por su producción científica ha obtenido evaluación positiva de la CNEAI en cuatro sexenios consecutivos. Durante el último de ellos (2009 – 2014) y hasta el año en curso ha publicado nueve artículos científicos, seis libros, diez capítulos de libro, y dirigido cinco tesis doctorales, una de las cuales obtuvo premio extraordinario del doctorado (2014). En la actualidad es Investigador principal del Grupo “E008-07 Historia de la ciencia, documentación médica y promoción de la salud” de la Universidad de Murcia. Ha sido Secretario del Departamento de Ciencias Sociosanitarias (1994 – 1997), y Secretario de la Facultad de Medicina de Murcia (2010 – 2014).

Carlos López Fernández (Alcantarilla, Murcia, 1951), es licenciado en Ciencias Físicas por la Universidad de Valencia y doctor en esta misma especialidad por la de Zaragoza. Realizó su tesis doctoral sobre la historia de la física española durante el periodo franquista. Actualmente es Profesor Titular del Área de Historia de la Ciencia de la Universidad de Murcia, formando además parte en ella del grupo de Investigación E008-07 de Historia de la Ciencia. Ha sido autor de cinco libros y numerosos artículos de revista y comunicaciones a congresos relacionados con la ciencia española y murciana de los siglos XVIII-XX.

Pedro Marset Campos (Valencia, 1941). Médico psiquiatra y Catedrático de Historia de la Medicina de la Universidad de Murcia. Autor de múltiples trabajos sobre historia de la medicina y de la ciencia murcianas, sobre historia de la medicina española e internacional, así como sobre salud pública y atención primaria de salud. Ha dirigido más de 60 tesis doctorales sobre historia de la ciencia y de la medicina. Ha sido también Decano de la Facultad de Medicina de la UMU (1984-1990), Eurodiputado por Izquierda Unida (1994-2004) y Director del Departamento de Ciencias Sociosanitarias de la UMU (2005-2011).

Juan Francisco López Sánchez es licenciado en Ciencias por la Universidad de Granada y doctor en Ciencias Físicas por la Universidad de Murcia, grado que obtuvo con una tesis doctoral dedicada a la obra científica de Gabriel Ciscar. Tras un período de cinco años en el Arsenal de Cartagena dedicado al control del magnetismo de los buques de la Armada regresó a la Universidad. En la actualidad es Catedrático de Escuela Universitaria en el Departamento de Física Aplicada de la Universidad Politécnica de Cartagena, institución en la que ha impartido docencia tanto en Historia de la Ciencia como en Física y ha ocupado diversos puestos de gestión académica, entre ellos el de subdirector de la E.T.S. de Ingeniería de Telecomunicación. La mayoría de sus publicaciones en el área de Historia de la Ciencia pertenecen a tres líneas de investigación: la obra científica del mencionado marino valenciano Gabriel Ciscar, la historia de la astronomía española en los siglos XVIII y XIX, y el desarrollo de la ciencia y la tecnología en la Región de Murcia entre los siglos XVIII y XX. En esta última línea ha participado en las dos obras colectivas tituladas Ciencia e instituciones científicas en la Región de Murcia, dedicadas a los períodos 1750-1936 y 1936-1975.

P: ¿Tienen en mente realizar otro libro dedicado al estudio de la ciencia médica desde los años centrales del siglo XX hasta la actualidad?

R: Sin duda el camino está abierto y nos hace ilusión pensar ya en una segunda edición corregida y aumentada del diccionario. Iremos avanzando desde los años centrales del siglo XX hacia el presente, pero somos historiadores, no periodistas; creemos que hay que mantener una perspectiva histórica suficiente.


Entrevista a Javier García López autor de Dispublicitados

Javier García López: “Los humanos somos seres gregarios y solemos tener miedo a quedarnos aislados del grupo, de la sociedad. La publicidad aprovecha esa condición humana y la utiliza para seducir a los receptores-consumidores”

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Entrevistamos a la profesor universitario y escritor, Javier García López, tras la publicación de “Dispublicitados. Los efectos (ideológicos) de la publicidad”, obra que forma parte de la colección  Editum media. En este libro se hace un análisis sobre cómo la publicidad crea sistemas de diferenciación social por medio de discursos ideológicos.

 

Pregunta: En rasgos generales, ¿de qué manera influyen o pueden influir los efectos de los que habla en su libro, a la sociedad, o al sector?

Respuesta: La publicidad es un ámbito muy amplio de práctica comunicativa y de investigación. Cuando hablamos de publicidad lo estamos haciendo, implícita o explícitamente, de todo tipo de comunicación persuasiva o que pretende ejercer una fuerza seductora con un objetivo concreto en una sociedad determinada por la producción y el consumo crecientes. En mi libro hablo de manera concreta de la publicidad convencional, pero el análisis de los efectos ideológicos de este tipo de publicidad puede extrapolarse a todo tipo de acciones de comunicación persuasiva. Todos estamos expuestos a mensajes persuasivos que parten de instituciones, empresas y otras organizaciones, dentro de un sistema económico concreto. El objetivo principal de la publicidad, en este sentido, es atraernos a la causa de esos emisores. Sin embargo, durante los últimos 30 o 40 años, hemos visto que las causas de ciertos grupos institucionales u organizacionales hegemónicos no provocan situaciones de justicia social ni ambiental. En esa medida influye la publicidad tal y como la entendemos actualmente, como un discurso al servicio del sistema preponderante. Además, en este flujo comunicativo, la publicidad ayuda a establecer la idea de que no hay una alternativa mejor.

 

P: Hemos leído en la Sinopsis; usted habla sobre el incremento de la influencia de la publicidad en el consumo. ¿A qué se refiere con su afirmación “Unas redes sustentadas en el simulacro, un tejido ilusorio que consigue reclutar a los receptores-consumidores que han sucumbido a la tentación de los sueños imposibles”?

R: La publicidad ayuda al sistema a reclutrar receptores-consumidores y a crear una idea de que no existen alternativas. Lo consigue mediante la generación de relatos de ficción (los anuncios, por ejemplo) que proponen vidas estereotipadas: casas lujosas, personajes idealizados, determinadas estéticas, etc. Todo ello provoca un simulacro comunicativo, ese “tejido ilusorio”. Lo que ocurre es que esos relatos de ficción suelen estar alejados de la realidad, no suelen coincidir con las condiciones reales en las que se mueven la mayoría de individuos. Por ello digo que estos relatos publicitarios proponen, en la mayoría de casos, sueños imposibles (de materializar.)

 

P: Sobre Publicidad e ideología, concretamente, ¿a qué se refiere con el término “La máquina ideológica”?

R: La publicidad o las publicidades configuran discursos ideológicos. Es decir, son narraciones que proponen pautas de comportamiento a los receptores, pero lo hacen de un modo velado. ¿Cómo lo hace? En los discursos publicitarios intervienen diferentes piezas o elementos (utilización de ciertos ambientes, ciertos personajes, unas relaciones sociales concretas, etc.). Y esas piezas dan lugar a un engranaje comunicativo de persuasión que funciona como una máquina, un artefacto en el que todos los elementos del sistema están interrelacionados y producen un efecto.

 

P: ¿Cómo explota la Publicidad ese “miedo” al que hace alusión en el último capítulo del libro?

R: Los humanos somos seres gregarios y solemos tener miedo a quedarnos aislados del grupo, de la sociedad. La publicidad aprovecha esa condición humana y la utiliza para seducir a los receptores-consumidores. A veces hacemos cosas simplemente por inercia y no sabemos muy bien la causa de esas dinámicas. Consumimos refrescos y comida rápida de manera habitual porque forma parte de un hábito de consumo potenciado por multitud de relatos publicitarios. Sin embargo, multitud de estudios científicos nos dicen que esos hábitos, entre otros muchos que podríamos sacar a colación, acarrean problemas de salud y problemas ambientales. Pero aún conociendo estos datos científicos, seguimos con esa dinámica de consumo, porque la fuerza de la mayoría o la sensación de que la mayoría lo hace nos conduce a comportarnos de un modo determinado.

 

P: ¿Por qué cree usted, que las aportaciones que sustenta en este libro son importantes para una cultura de masas?

R: El modo de vida que llevamos en la actualidad y, previsiblemente, el que llevaremos en adelante, está organizado por medio de una cultura de masas. Las masas configuran entes heterogéneos de individuos y cuyos comportamientos son más o menos homogéneos. El libro puede ayudar a entender el proceso publicitario y a descubrir cómo funciona, con la intención de cambiar las pautas tanto comunicativas como de conducta. Ahora más que nunca sabemos que estamos en el siglo de la gran prueba, el momento que va a determinar nuestra capacidad como especie, debido a los desastres ambientales (y sociales, por tanto) que hemos provocado. Nuestro comportamiento dentro de un sistema de producción y consumo crecientes ha provocado, está provocando y provocará desastres naturales, sobrepoblación, calentamiento climático, desigualdad social. Pero podemos utilizar las herramientas de la publicidad para cambiar. Estoy seguro de que podemos revertir la situación utilizando una nueva publicidad al servicio de las relaciones sociales positivas y de la biosfera. No sé muy bien si habríamos de llamar a esta nueva comunicación publicidad o no, pero de lo que sí estoy seguro es que hemos de usar los procesos de la publicidad para  seducir a la mayoría hacia un nuevo de vida más amable con nosotros mismos. Todos somos dispublicitados, gentes más o menos determinadas por este sistema de producción y consumo crecientes. Pero podemos convertir nuestra sociedad en menos dispublicitada, siempre que haya voluntad ciudadana.

 

P: ¿A quién se dirige este libro?

R: La intención del libro es llegar al mayor número de personas, tanto profesionales de la comunicación, profesores del ámbito, como lectores menos habituados a los entresijos de la publicidad. He intentado utilizar un lenguaje claro y ser lo más ameno posible. Creo que el lector puede divertirse con la lectura, a pesar de seguir siendo un dispublicitado.

 

P: ¿Qué aporta “Dispublicitados” a la colección Media, y al mundo de la publicidad?

R: Quizá no sea yo quien deba contestar a esta pregunta. No sé si aporta mucho o poco. Me gustaría que llegar al máximo número de lectores posible. En este sentido, confío mucho en EDITUM, una editorial universitaria consolidada, de prestigio y que puede aportar mucho al libro y a su difusión.

 

P: Le hemos visto recientemente participar en el programa “La aventura del saber” de RTVE, ¿qué importancia cree que puede tener la aparición en los medios de contenidos más científicos y poco habituales como su libro?

R: Los investigadores y docentes hemos de hacer un esfuerzo para comunicar los resultados de nuestros análisis, de nuestros artículos, de nuestras investigaciones. Tal vez no sea sencillo comunicar aspectos científicos a un público menos habituado con estos ámbitos. Pero debemos esforzarnos en transmitir lo poco o lo mucho que sepamos e intentar contribuir en la construcción de una sociedad mejor formada, mejor educada. El programa de TVE “La aventura del saber” y su director, Salvador Gómez Valdés, están haciendo posible que todo ello sea posible, lo cual es de agradecer. Este mes de abril volveré a TVE a presentar el libro. Espero veros detrás de la tele (aunque también puede verse el programa a través de RTVE a la carta).

 

P: Háblenos acerca de su experiencia profesional

R: Soy doctor en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Murcia, licenciado en Publicidad y Relaciones Públicas por la Universidad Católica San Antonio de Murcia, Master Universitario en Crítica y Argumentación Filosófica por la Universidad Autónoma de Madrid, Especialista en Epistemología y Gnoseología por la Universidad de León y de Especialista en Comunicación Institucional por la Universidad Católica San Antonio de Murcia. Mi tesis doctoral, “El encubrimiento publicitario de la discriminación social. Estudio cultural sobre la representación de las desigualdades en la publicidad televisiva”, obtuvo la calificación de Sobresaliente Cum Laude por unanimidad en la Universidad de Murcia. Desde 2010 soy Profesor Contratado Doctor en la Universidad a Distancia de Madrid, donde imparto las asignaturas Teoría de la Publicidad, Creatividad en Comunicación, Opinión Pública e Historia de la Comunicación Social, entre otras. Soy profesor del Máster Universitario en Comunicación Digital, el Máster Universitario en Marketing Digital y Social Media, el Máster Universitario en Negocios Internacionales y del Doctorado en Derecho y Sociedad. Anteriormente he sido profesor en la Universidad San Jorge de Zaragoza de las asignaturas Introducción a la Publicidad, Medios Publicitarios y Creatividad Publicitaria. Entre 2005 y 2007 trabajé para el Ministerio de la Presidencia, en el Boletín Oficial del Estado, y para el Ministerio de Asuntos Exteriores, en la sede central del Instituto Cervantes, en el ámbito de la comunicación y de la publicidad. Soy autor de diversos artículos publicados en revistas indexadas de carácter internacional, así como autor de diversos capítulos de libro. Habitualmente publico columnas de opinión sobre política, comunicación y aspectos culturales en diversos medios nacionales online, como Zoom News (www.zoomnews.es). He publicado los libros “Publicidad y Marketing” y “Publicidad. Teoría y práctica”, editados por Centro de Estudios Financieros de Madrid. En 2015 he publicado el libro “Publicidad, comunicación y cultura”, editado por la Universitat Oberta de Catalunya. Soy coautor del libro “Talento e innovación en marketing y publicidad”, del Centro de Estudios Financieros. Y en 2016 ha llegado mi último libro, “Dispublicitados. Los efectos (ideológicos) de la publicidad”, editado por EDITUM y que espero disfruteis al máximo de su lectura.

 

P: Para finalizar, si desea hacer algún apunte, contarnos algo que le resulte interesante…

R: Nada, que espero que el libro resulte interesante. Espero haber puesto un pequeño granito de arena para el cambio necesario. Y, por supuesto, quedo a disposición de todo el mundo que quiera contactar conmigo.

 

Twitter: @docgarcialopez

Linkedin: https://es.linkedin.com/in/profesorjaviergarcialopez


Entrevista a Agustín Romero Medina

Entrevistamos a Agustín Romero Medina Director de la revista Anales de Psicología

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Parte 1/2

Parte 2/2

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Parte 1/2


Parte 2/2



Entrevista a José Antonio Mompeán González

Ya está disponible la entrevista realizada a José Antonio Mompeán González, responsable de la revista IJES (International Journal of English Studies) desde Editum

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Entrevista a Fuensanta Hernández Pina y Javier Jerónimo Maquilón

Ya está disponible la entrevista realizada a Fuensanta Hernández Pina y Javier Jerónimo Maquilón realizada por el Servicio de Publicaciones de la Universidad de Murcia

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Entrevista a José Miguel Martínez Carrión

Ya está disponible la entrevista realizada a José Miguel Martínez Carrión, primer editor de la revista científica Historia Agraria, tanto en Youtube como en TV.UM

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Entrevista a Francisco José Ortíz Montero y Juan González Hernández (Cuadernos de Psicología del Deporte)

Ya está disponible la entrevista a Francisco José Ortíz Montero y Juan González Hernández  con motivo de la reciente incorporación a  Master Journal List de “Thomson Reuters”. de la revista científica Cuadernos de Psicología del Deporte.

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