Archivos diarios: 6 abril, 2017

Presentación del libro: Seda. Historia pendientes de un hilo

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Entrevista a Ramón Almela Pérez sobre su obra “Teoría e Historia de las adivinanzas”

Presentacion adivinanzasCon esta entrada, mostramos la entrevista que hemos realizado a Ramón Almela Pérez, Catedrático de Lengua Española, jubilado, de la Universidad de Murcia, sobre su libro Teoría e historia de las adivinanzas presentado el pasado 4 de abril en La Merced y que pertenece a la colección Editum signos. Ramón ha ejercido con entusiasmo los tres tipos de tareas del profesor universitario: docencia, investigación y gestión. Este libro se ocupa básicamente de las adivinanzas de la lengua española consideradas populares.

Teoría e HistoriaLo que se estudia en la obra no son las adivinanzas individualmente consideradas, sino el tipo de texto que se conoce como adivinanza. Se propone por primera vez en la bibliografía lingüística una teoría de esta clase de texto: marco, categorías, tipos afines… La adivinanza no es un juego “de” palabras, sino un juego “con” palabras, que une ingenio y belleza. El interés por descubrir qué es algo que se describe, pero que no se nombra, es tan antiguo como la humanidad. El lector encontrará en este trabajo conceptos científicos fundamentados, la línea histórica que une a las adivinanzas con los antiguos enigmas (Biblia, literaturas clásicas, etc.), la exposición de sus principales características y un repertorio de 2.000 ejemplos.

Pregunta: ¿Cómo surgió la idea de hacer este libro?

Respuesta: Yo no pensé al principio en un libro, pensé en hacer un estudio. Mientras buscaba un tema para una charla que quería dar, me di cuenta de que no había nada sobre las adivinanzas y decidí explorar esta cuestión.

P: ¿A quién va dirigida esta obra?

R: Yo creo que la puede leer con provecho no sólo el estudioso de la lengua y/o la literatura, sino también cualquier persona medianamente instruida. Y lo pueden leer con fruición quienes quieran conocer con cierta profundidad algo tan sencillo que encierra, insospechadamente, una riqueza humana, lúdica e ingeniosa, desconocida.

P: ¿Cuánto tiempo le llevó la elaboración del libro?

R: La primera idea de estudiar este tema la tuve el 10 de noviembre de 1999. Me planteé «¿Qué hay de las adivinanzas?». Busqué títulos de libros “sobre” las adivinanzas y como no hallaba ninguno, me planteé la posibilidad de estudiarlas. Algún tiempo después, leí unas cuantas y me llamó la atención el que, comparando dos adivinanzas, tuvieran en común el rasgo de indagación, pero que una propusiera indagar sobre un objeto externo a la lengua (la lagartija, por ejemplo) y la otra lo hiciera sobre un objeto interno a la lengua (la letra A, por ejemplo). Me atrajo comprobar que en esos textos de creación popular se hiciese la distinción entre dos conceptos lingüísticos: lenguaje y metalenguaje. Esos rasgos ‑de similitud y de disimilitud‑ suscitaron mi curiosidad: «Aquí tiene que haber algo más que unas simples ocurrencias fútiles», me dije. Y decidí conocerlas.

Después fui interrumpiendo su estudio durante largas épocas porque la docencia y otros compromisos eran lo primero. Al jubilarme, sobre todo desde marzo de 2012, le dediqué más tiempo. Sólo pensaba en conocer las adivinanzas, pero durante mucho tiempo no sabía cómo iba a ser el resultado de mi estudio. Poco a poco fui aumentando mis conocimientos, leyendo, conectando y profundizando en las ideas sueltas que pude hallar. Hará unos dos años, aproximadamente cuando empecé a vislumbrar que podía crear una obrita de cierta densidad. Aunque hasta hace un año no tuve la intuición de que disponía de casi todo lo que se había escrito sobe las adivinanzas. Todo lo he ido haciendo gradualmente.

P: ¿Cuándo empezó usted a recopilar adivinanzas para el corpus del libro?

R: Casi desde el principio, aunque con más continuidad desde 2001 y casi hasta hace un año. Mi prioridad no ha sido recopilar todas las adivinanzas existentes, no ha consistido en confeccionar un catálogo de adivinanzas. He querido disponer de muchos ejemplares para conocerlos y analizarlos, sobre todo si procedían de diferentes fuentes. No hace falta estudiar todos los gatos del mundo para hacer una teoría sobre los gatos. Pero no me ha preocupado el hecho de que haya muchas adivinanzas que no haya incluido en el libro. Basta con tener una alta muestra y construir un pensamiento consistente sobre ellas.

P: ¿Cuál ha sido la mayor dificultad con la que se ha encontrado a la hora de su realización?

R: Grandes dificultades no he tenido. Diría que he gozado de cuatro retos estimulantes. El primero fue el de la bibliografía. Hay un título del que existen sólo dos ejemplares en el mundo: en la universidad de Chicago y en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, de Washington. Lo pedí a esta última y me enviaron ‑previo pago‑ una fotocopia del que tenían. Acudí mucho al préstamo interuniversitario. Un libro se pidió a una universidad extranjera; viendo que un mes después no contestaban, se pidió a otra universidad ‑alemana‑ y una semana después lo enviaron. En otros casos se hubo de rastrear en Internet para tener al menos una reseña.

El segundo y el tercero fueron conceptuales. Fueron momentos de reflexión que me apasionaron por intrigantes. Uno fue el hallazgo de la estructura de las adivinanzas. Lo que había leído no me convencía y hasta que no la vi clara, no descansé. El otro fue el de las categorías analíticas, sobre el que estuve pensando varios días en soledad.

El cuarto reto fue el manejo estadístico de los rasgos caracterizadores: se trató de asignar y manejar la aplicación de 56 rasgos a 689 adivinanzas, que fue la cantidad de adivinanzas que finalmente elegí como muestra para su caracterización. Con el Excel y unos días en soledad lo llevé a cabo.

P: ¿Qué aporta Teoría e historia de las adivinanzas a la lingüística y la lengua?

R: A la lengua aporta más variedad de textos: hace pensar y hace sonreír. Las adivinanzas son un problema y un poema. A la lingüística hace una aportación básica y varias aportaciones incluidas. Lo más básico es que se tome en consideración científica las adivinanzas. Todas las realidades son dignas de ser estudiadas científicamente. La importancia de la ciencia no depende de la prestancia social o de la difusión mediática. Las principales aportaciones incluidas las sintetizo en los siguientes cinco valores. Valor histórico‑antropológico: las adivinanzas hunden sus raíces en los comienzos de la humanidad. Valor didáctico: en la Alta Edad Media sirvieron de materia de enseñanza. Valor literario: son una muestra de literatura popular. Valor educativo: promueven la intriga intelectual. Valor lingüístico: forman parte del discurso repetido, en el mismo nivel que ocupan los refranes, los fraseologismos y otros tipos que no están estudiados.

P: ¿De dónde proviene su afición por las adivinanzas?

R: No sentía una afición especial, tenía la que podrían tener los demás. Mi interés empezó y acabó siendo de índole científica. Después he ido añadiendo otras perspectivas.

P: ¿Por qué decidió emplear un método teórico y otro empírico? Usar estos dos métodos, ¿aumenta la dificultad a la hora de hacer el libro?

R: La investigación científica tiene que usar los dos tipos de métodos. La ciencia consiste en una explicación de (una parcela de) la realidad; por lo tanto tiene que partir de los hechos ‑de ahí el método empírico‑ y después desarrollar una explicación de los mismos –de ahí el método teórico‑. Si lo que hago es sólo constatar hechos y no los explico, hago mera información. Y si sólo explico sin referirme a ningún hecho constatable, estoy haciendo ficción. Los dos métodos no constituyen una dificultad, constituyen la naturaleza propia de todo trabajo científico.

P: En el libro se indica que, hasta la creación de su obra, no existía publicado ningún estudio lingüístico de envergadura sobre las adivinanzas en español; es más, tampoco sobre otras lenguas, ¿cuál cree que es el motivo de esa ausencia de estudios?

R: Creo que la causa de esta invisibilidad es la apreciación de que las adivinanzas son un entretenimiento de niños, un género menor. Y es verdad que el uso que se hace socialmente de las adivinanzas es bajo, no es comparable, por ejemplo, con la difusión de la novela. Pero, si las comparamos con los refranes, también parece que tienen menos repercusión social que estos. Pero, ¡claro!, la ciencia maneja perspectivas distintas de la importancia social. El estudio de la realidad se ha de valorar no por su prestigio externo, sino por la aplicación del punto de vista científico a esa realidad.

Hay estudios, en otras lenguas, sobre aspectos textuales, sociales, retóricos, etc., de las adivinanzas; pero lo que no hay es una propuesta de teoría lingüística de las adivinanzas.

P: ¿Le sorprende ese desinterés existente a la hora de incluir el término adivinanzas en los diccionarios de lingüística?

R: Me sorprende y no me sorprende. Teóricamente no debería ocurrir que un diccionario de lingüística, que pretende explicar los conceptos lingüísticos, no mencione este tipo de textos. Pero, al mismo tiempo, no me sorprende porque al no contar con una tradición conceptual, los diccionarios de lingüística (que no son lo mismo que los diccionarios de lengua) no han hallado base para incluirlas.

P: En las páginas de su libro asegura lo siguiente: “Aquí se hallan muchas cuestiones apenas esbozadas, que necesi­tarían desarrollo. Este libro no es una obra ‘de’ adivinanzas, sino ‘sobre’ adivinanzas, que ojalá pueda servir para que otros inves­tigadores continúen ampliando y mejorando lo que aquí ofrezco”. ¿No está usted del todo satisfecho con su obra? ¿Qué piensa que le falta?

R: Satisfecho sí estoy, pero ello no es óbice para que vea dos cosas. Por un lado, soy consciente de que ojos más perspicaces que los míos observarán fallos de tipo metodológico y lagunas de tipo epistémico. Por otro lado, el estudio completo de las adivinanzas queda lejos de haberlo hecho. En el capítulo Epílogo señalo algunos de los aspectos que habría que estudiar; todos ellos, y otros, exigirían un trabajo de más gente y durante más tiempo. Entre los estudios que habría que estudiar están los relativos a la edición de textos, las figuras retóricas, más detalles de la historia, de los rasgos lingüísticos y de los conceptos, la adivinancística comparada y otros.

P: ¿Por qué cree que surgieron las adivinanzas, los enigmas y los acertijos? Pese a que los tres tienen en común el hecho de que se “plantea” una cuestión, ¿cuál le llama más la atención a la hora de estudiarlo?

R: Los enigmas antiguos tenían carácter de texto de lengua. Los enigmas actuales no son sólo hechos de lengua (los antiguos, sino también situaciones; habría que analizar los escasísimos contextos actuales en los que se denomina enigma a un texto. Los acertijos abarcan no sólo los textos mismos que se enuncian, sino también los ámbitos de conocimiento con los que se relacionan. Cuando empecé a estudiarlas, no lo hice por descarte de los otros tipos, sino porque el texto “adivinanza” me atrajo.

P: ¿Está usted de acuerdo con las condiciones que aporta Scott a la hora de considerar la adivinanza como un género literario de folclore? ¿Por qué?

R: No sabría contestar, no he reflexionado sobre esta cuestión. Tendría que conocer más qué es folclore.

P: ¿Considera que actualmente la sociedad está perdiendo capacidad imaginativa a la hora de “construir” nuevas adivinanzas?

R: Me parece que sí. La enseñanza tan memorística y tan repetitiva, la invasión del poder de las imágenes (pantalleo), el poco atractivo de los ejercicios intelectivos, etc., hacen que no sea un ejercicio divertido el pensar, ni siquiera sobre cosas intrascendentes.

P: Las adivinanzas que recopiló cuando empezó a elaborar el libro, ¿han conseguido pervivir hoy?

R: Una gran parte de las dos mil adivinanzas que recojo se pueden considerar “actuales”, lo cual no equivale a que sean “conocidas” y/o “utilizadas”.

P: ¿Se podría decir que las obras de Francisco Rodríguez Marín y Antonio Machado y Álvarez son las dos grandes colecciones de adivinanzas en España, no solo del siglo XIX, sino de todos los siglos? ¿Por qué?

R: Las dos grandes colecciones de adivinanzas del español son las dos del siglo XIX: fueron las primeras, se elaboraron con meticulosidad y contienen muchos ejemplares. Yo añadiría dos más: la obra de José Luis Gárfer y Concha Fernández ‑que no está sustanciada en un solo libro, sino en varios‑ y la del germano‑argentino Robert Lehmann‑Nitsche.

P: ¿Qué diferencias observa entre las adivinanzas en España y en Hispanoamérica?

R: Si excluimos las adivinanzas prehispánicas, hay que afirmar que hay poca diferencia. La casi totalidad de las adivinanzas de Hispanoamérica o son iguales o muy parecidas. El parecido les viene dado de la rima, de las figuras, etc. La diferencia está principalmente en el léxico. Un caso aparte lo constituye un pequeño corpus de adivinanzas mexicanas que podrían estar a caballo entre las prehispánicas y las que “emigraron” de la península.

P: ¿Cuál es su adivinanza favorita?

R: No tengo ninguna especial. Me gustan muchas, de las que selecciono, para no alargar la respuesta, estas cuatro:

Torito negro

cayó en el mar;

torito blanco

lo fue a sacar.

(La noche y el día)

 

Pino sobre pino,

Sobre pino lino,

Sobre lino flores

Y alredor amores.

(La mesa para comer)

 

Lo quieras o no lo quieras,

detrás de ti siempre iremos,

y cuando el camino vuelvas,

esperándote estaremos.

(Las huellas)

 

En las mañanicas

del mes de mayo,

cantan los ruiseñores,

se alegra el campo.

(La primavera)

P: Háblenos sobre su trayectoria profesional

R: Me siento universitario, de profesión y de vocación. Estudio y docencia, estudio y docencia, estudio y docencia. Estudié con ahínco la carrera. Pasé por las diferentes fases del escalafón profesional: ayudante, adjunto y catedrático. Fui secretario de la Facultad de Letras y Vicerrector. Fui coordinador de Lengua de la Selectividad. En la docencia procuré innovar: por ejemplo, en los exámenes dejaba que utilizaran todo el material que quisieran pues ponía preguntas para que pensaran. He publicado varios libros y bastantes artículos. El primer libro que publiqué trataba de un tema sobre el que, hasta entonces, no había tampoco ningún libro: la interjección. En mi especialidad, morfología del español, hay dos ramas: la flexiva y la derivativa; pues bien, tengo un libro sobre cada una de ellas. De algunos temas casi no estudiados hice algunos artículos: los binomios irreversibles, la dicotomía oral/escrito, la gradación, etc.

P: ¿De dónde proviene su afición su afición por la lingüística y la lengua?

R: Tuve una maestra muy buena que ponía mucho empeño en que escribiéramos sin faltas de ortografía. Aún conservo una libretica que me hice ‑con nueve años‑ para mí mismo con las principales reglas de ortografía: vaya y valla, hay, ahí y ay, etc. Y luego tuve buenos profesores de las materias de humanidades.

P: ¿Tiene en mente o está trabajando en la realización de un nuevo libro?

R: He empezado a preparar un nuevo libro, pero de un tema ajeno a las materias de lengua y lingüística. Es un encargo que me han hecho personas ajenas a la universidad.

P: Por último, ¿hay algo que desee añadir o contarnos?

R: Que estoy satisfecho con este trabajo por varios motivos: por la ilusión que he puesto, por la madurez con la que lo he acometido, por la novedad bibliográfica que supone, por los conceptos científicos que aporto, porque se lo dedico a mis nietos y porque constituye mi homenaje a mi universidad.

 


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